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Los hombres de 2015

9. septiembre, 2014|Sin categoría|No comments

Los hombres de 2015
Por Salvador García Soto I Septiembre 8, 2014 I 1:29 am
En los preámbulos de la batalla electoral de 2015, los partidos políticos no sólo preparan ya sus estrategias con base en las encuestas, prospectivas y escenarios sobre la elección parlamentaria; también analizan en este momento los perfiles, trayectorias, virtudes y debilidades de quienes formarán su ejército de candidatos a la Cámara de Diputados. Y en ese análisis la definición más importante que se debate hoy en las fuerzas políticas es quiénes serán sus futuros líderes de bancada.

Los nombres de quienes serán las próximas figuras en San Lázaro, en la 63 Legislatura federal, empiezan a barajarse en las distintas fuerzas políticas y la decisión final es motivo ya de pugnas y enfrentamientos internos entre grupos y corrientes que se disputan la codiciada coordinación parlamentaria. El papel protagónico que juegan los jefes de fracción, aunado al poder que manejan como interlocutores con el Ejecutivo federal y a la atractiva plataforma que representa esa jefatura para cualquier político, hace que la disputa por conseguirla sea una de las más intensas rumbo a los próximos comicios.

En el PRI, por ejemplo, ya se mencionan tres nombres. Uno de ellos es el del presidente del tricolor, César Camacho Quiroz, de quien se dice podría ser el elegido de Los Pinos. A su favor está la cercanía con el grupo político del presidente y la “flexibilidad” que ha mostrado para cumplir los designios del jefe del Ejecutivo. En su contra pesa esa misma condición de sumisión total hacia la Presidencia que, a decir de sus críticos, le resta personalidad, tamaño y liderazgo no sólo para conducir a los diputados, sino para negociar con los opositores.

El otro nombre que se escucha en los corrillos políticos como posible jefe del PRI en San Lázaro es el de Miguel Ángel Osorio Chong. El secretario de Gobernación, mencionan, dejaría su despacho en Bucareli en diciembre para tomar un rol más activo en las campañas priistas con miras a convertirse en el primer candidato en las listas plurinominales y ocupar la coordinación parlamentaria. Osorio, nadie duda, es el operador político de mayor confianza de Peña Nieto y al sacarlo de Gobernación y enviarlo a la Cámara de Diputados no sólo le evitaría un mayor desgaste del que ya ha tenido, sino que lo colocaría en una posición inmejorable con miras a la sucesión presidencial de 2018, a la que el hidalguense también es aspirante.

Un tercer nombre que manejan en las cúpulas del PRI es el de José Murat Casab. El ex gobernador de Oaxaca, dicen, sería una carta del presidente para equilibrar los pesos en San Lázaro y un negociador que conoce bien a los personajes que podrían ir como coordinadores por el PAN y el PRD, pues fue uno de los que armaron las primeras negociaciones del Pacto por México.

Y es que en el PAN muchos dan por hecho que quien irá a encabezar las listas pluris y después la coordinación de la bancada blanquiazul será Gustavo Madero, otro de los que negociaron el Pacto. Madero está preparando el terreno para dejar la presidencia del PAN y poner en su lugar a su joven secretario general, Ricardo Anaya. El chihuahuense se posicionaría así rumbo a su otro objetivo: la candidatura presidencial panista en 2018.

Mientras tanto, en el PRD, donde ayer hubo elección de consejeros nacionales, estatales y municipales, todo apunta a que la corriente Nueva Izquierda, una vez que confirme su supremacía y luego en la dirigencia nacional del partido con Carlos Navarrete, buscará también colocar a uno de los suyos en la coordinación de la Cámara de Diputados. Y ya perfilan al Chucho mayor, Jesús Ortega, como el futuro coordinador perredista, con lo que tres de los negociadores del desaparecido Pacto por México se trasladarían ahora a San Lázaro.

NOTAS INDISCRETAS… Uno de los cambios que se dan por hecho en diciembre es la salida de César Camacho del CEN del PRI. Y más que el destino del mexiquense, lo que inquieta a muchos priistas es quién ocupará esa posición. Y hablan de dos escenarios: uno que por estatutos se designe a la secretaria general, Ivonne Ortega, para terminar la gestión en marzo de 2015, y la otra, más interesante, que llegue Manlio Fabio Beltrones con un acuerdo para que el Consejo Político alargue su mandato hasta pasados los comicios federales de julio. O en otro escenario, que Ortega termine en marzo y Manlio llegue como nuevo presidente por tres años al CEN. ¿Será que los peñistas que tanto escozor le tienen al sonorense ya aceptaron que sería la mejor opción para dirigir al PRI?… Los dados abren semana. Doble Escalera.

ESTRICTAMENTE PERSONAL Desintegración

27. agosto, 2014|Sin categoría|No comments

ESTRICTAMENTE PERSONAL
Desintegración
La izquierda reformista que apostó con el presidente Enrique Peña Nieto por el Pacto por México, se está cayendo a pedazos. Es la corriente donde su jefe histórico, Jesús Ortega, disfruta el acceso al poder que nunca tuvo y opera con el jefe formal, Jesús Zambrano, presidente del PRD, para seguir controlando el aparato del partido y la nomenklatura. Los Chuchos siempre se han distinguido por pertenecer al apartachik que se ocupa de la construcción de la colmena burocrática, con el control de los comités seccionales, de los delegados, de los cargos en el politburó perredista, y también por olvidar también que lo que ganan elecciones son los votos no los rotulados en las oficinas.

Los Chuchos son la corriente más fuerte del PRD que, sin embargo, sin el acompañamiento de una figura que nunca sale de esa tribu, no serían nada en los procesos electorales. Son pragmáticos y se comen sus escrúpulos. Ortega siempre decía que Cuauhtémoc Cárdenas era un cacique, pero no dejó de respaldar sus candidaturas presidenciales. Con Andrés Manuel López Obrador, a quien además de cacique le endilgaba el calificativo superficial de “mesías”, caminó al lado en dos campañas presidenciales y habría seguido como lapa de quienes generan votos y les inyectan vida, pero la seducción del poder y el acceso a Peña Nieto, los llevó a sobrevalorarse en el mercado político.

Los Chuchos, con la transfusión de ambición que recibieron de Los Pinos –para quien fueron largamente funcionales-, decidieron que el tiempo donde ellos marcaran las horas en el reloj político, ya les pertenecía. Han puesto su futuro en el jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, pero no muestra alas para volar, y sigue dilapidando su capital político en la ciudad de México. La robusta figura tras quien querían caminar para mantener el poder en el partido, parece no tener mucha fortaleza.

En paralelo, la forma de interactuar con el gobierno mostró a Los Chuchos más edulcorados que de costumbre, y sufrieron en desgastes y enfrentaron contradicciones. El pasado fin de semana llegó a su fin una de ellas. Miguel Barbosa, que sorprendió a muchos y ganó respeto como coordinador del PRD en el Senado, rompió con sus viejos camaradas para caminar con una nueva tribu, el Frente de Izquierda Progresista, luego de semanas de enfrentamiento público con Zambrano por la ley de telecomunicaciones y su forma autócrata de querer tratar a los senadores. Coincidentemente, sus enemigos comenzaron a salir de las piedras.

Marcelo Ebrard, el ex jefe de gobierno del Distrito Federal, desangrado por Mancera pero no liquidado, tiene una voz política más sonora que su sucesor. No tiene los apoyos, ni los votos, pero le ayuda que sus rivales pierden crecientemente el respaldo popular. Ebrard quiere ser presidente del PRD, pero no tiene apoyos en el Consejo Político que dominan Los Chuchos, donde su siguiente dirigente en línea, Carlos Navarrete, quiere esa posición. Si la desea la tendrá. Pero eso no significa que el Chucho menor, Navarrete, será capaz de despertar la emoción de un electorado que no quiere mediocres y que, en opinión de amplios sectores de la izquierda, entregados al Presidente.

Mancera ha dejado a la ciudad de México sin una voz crítica de la izquierda, como existió desde que Cárdenas se la arrebató al PRI en 1997. Navarrete tiene como activo pertenecer a la burocracia de Los Chuchos. Entre los dos, hoy no se hace uno, ni para 2015 ni para 2018. Están enfrentados con una de las corrientes poderosas del PRD, Izquierda Democrática, que encabeza René Bejarano, que cuenta con más de 32 diputados federales, el control de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, la secretaría general del partido y las vice coordinaciones en el Senado y San Lázaro. Bejarano mantiene una relación cálida y fría con Ebrard, pero que, pragmáticos finalmente los dos, los puede llevar a formar una vez más una alianza táctica.

Pero sobretodo, tienen encima el fantasma de López Obrador y su partido Morena. Zambrano dice que no le preocupa el ex candidato presidencial. No puede hablar en serio. López Obrador, sin partido, sin campaña y sin presencia en medios, sólo es superado en preferencia del electorado por Peña Nieto, pero a diferencia del Presidente, él si podrá estar en la boleta electoral de 2018. Como individuo, López Obrador vale alrededor de 8% del electorado, mientras Morena, que aún no tiene su primera prueba electoral, cuenta con el 30% del respaldo en la ciudad de México, bastión de la izquierda mexicana.

La dialéctica entre la consistencia y la incongruencia es lo que define a los bandos de Los Chuchos y de López Obrador, que no se ha movido mientras se desintegra el poder central del PRD y en la lucha facciosa interna, comienza la diáspora. No debe tener prisa. Su meta no es 2015 sino 2018, cuando decidirá si va por tercera ocasión en busca de la Presidencia, o si apoya a un candidato que tome su programa. Los Chuchos no tienen tanto tiempo. Pueden minimizar sus problemas, soslayarlos en los medios, pero cuando su corazón se empieza a pudrir, es que están muy enfermos. La salida de Barbosa de esa corriente es el primer síntoma claro que ese proceso ya comenzó.

Medios acorralados

26. agosto, 2014|Sin categoría|No comments

Medios acorralados
Carlos Urdiales

El 20 de agosto el Consejo General del INE aprobó los lineamientos generales recomendados a noticiarios respecto a información y difusión en la cobertura de precampañas y campañas.
Lineamientos. Es un exhorto a medios de comunicación para la construcción de competencia transparente y equitativa, sin descalificación ni discordia, que permitan llevar a la ciudadanía la información necesaria para un voto razonado e informado. Los lineamientos son guías orientadoras que pretenden encauzar un comportamiento y de ninguna manera imponer una conducta, dice el INE.
Que los actores políticos sean tratados con igualdad de criterio en los espacios informativos dedicados a cubrir el proceso electoral. La equidad deberá reflejarse en la difusión equitativa de entrevistas y reportajes de las diversas opciones políticas y con la presencia equilibrada de los diversos actores en los programas noticiosos.
Los noticieros deben procurar que la cobertura de las precampañas y campañas promueva la confrontación de ideas, diagnósticos y propuestas para la formación de una postura informada de los ciudadanos sobre los contendientes, su historia y trayectoria, respetando la vida de estos últimos. Ideal.
Realidades. ¿Qué debe hacer un medio cuando es el candidato o el partido quien privilegia, y al tiempo acota, limita, ciertas coberturas? El PRI, PAN y PRD a través de sus encargados formales (y los alternos) de atender solicitudes para entrevistas, para mesas de debate y coberturas especiales, son quienes al intentar hacer una difusión eficiente del mensaje o temas que quieren posicionar sus candidatos, discriminan tal o cual espacio informativo.
¿Habrá lineamientos similares a los partidos políticos para que centralicen y administren con el mismo espíritu de equidad y equilibrio sus apetitos (naturales y legítimos) la selección de peticiones que atienden? Y más importante aún: ¿se puede?
¿Cómo se procesa la aritmética de notas y menciones en un canal de televisión o estación de radio, incluso medios impresos, para que no resulte un análisis cuantitativo y no cualitativo? La percepción pública sobre el monitoreo enunciativo y no analítico de los medios de información afecta también la imagen de éstos, que de por sí suele generalizarse por amplios sectores de la población. Y respecto al fomento del debate de las ideas y propuestas y no de la descalificación centrada en la vida de los contendientes. ¿Qué y cómo abordar la cobertura y el análisis respecto de candidatos tipo Juanito, o hijos de caciques políticos o, peor aún, de ahijados de capos criminales como el diputado prófugo Julio César Godoy Toscano?
El universo de casos es tan amplio como el catálogo de puestos en disputa. Que el árbitro electoral haga públicos estos lineamientos es encomiable, pero también debe fomentar el debate y la comprensión de esta otra cara de la moneda. No son sólo los medios, también los partidos y equipos de campaña son responsables de esta equidad ideal.

POBRES, DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN. Por: Pascal del Rio

26. agosto, 2014|Sin categoría|No comments

Hace 20 años que la familia de Ramiro Flores Jiménez recibe apoyo de los programas de asistencia gubernamentales, pero su situación económica en muy poco ha cambiado desde entonces.
Él tenía 16 años de edad cuando su madre conoció por primera vez este tipo de ayuda. Hoy este triciclero de Villa Comaltitlán, Chiapas, tiene 36 años. Está casado y tiene cuatro hijos. La familia vive en la casa de la madre de Ramiro, la misma en la que él se crió y donde se sigue cocinando con fogón.
Entre su esposa y él apenas logran reunir unos cuatro mil 500 pesos al mes, según dijoRamiro al corresponsal Gaspar Romero. Su esposa está inscrita en el programa federal Oportunidades, y su madre en el estatal Amanecer y en el federal 65 y Más.
Es evidente que la familia Flores no podría sobrevivir sin la ayuda que recibe. De continuar así las cosas, los cuatro hijos de Ramiro quizá requieran de la asistencia gubernamental, con lo que se convertirían en la tercera generación que lo recibe.
Casos como el anterior pueden encontrarse en muchas partes del país. Los programas asistencialistas no están logrando sacar de su situación de miseria a millones de mexicanos, cuyos hijos y nietos parecen condenados a no vivir mejor que ellos.
Desde 1988, los mexicanos pobres han sido apoyados por los programas federales Solidaridad, Progresa y Oportunidades, entre otros, así como por diversos programas de asistencia estatales.
Es probable que, sin estos apoyos, millones de mexicanos no habrían podido sobrevivir. Sin embargo, es tiempo de evaluar por qué, a pesar de una inversión cuantiosa del dinero de los contribuyentes en combatir la miseria, ésta no ha disminuido significativamente en un cuarto de siglo.
De acuerdo con cálculos del gobierno federal, tan sólo en el programa Oportunidades, lanzado en marzo de 2002 para sustituir a Progresa, se ha gastado más de medio billón de pesos.
Los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) indican que, con todo y esa inversión, la pobreza patrimonial en México apenas declinó de 46.1% a 45.5% de la población entre 2010 y 2012 (ese último año había 53.3 millones de mexicanos en esa situación), mientras que la pobreza alimentaria, la de aquellos que no perciben lo suficiente para comprar una canasta básica, pasó de 11.3% a 9.8% de la población en el mismo lapso.
Los últimos cinco presidentes de la República han hablado fuertemente contra la pobreza y se han propuesto terminar con ella. No obstante, es un hecho que los programas federales de combate a la pobreza —notoriamente, Oportunidades—, y los programas espejo de los gobiernos estatales, no están sacando adelante a los mexicanos en la miseria.
Desde los años 80, los principales programas de lucha contra la pobreza han contado con esquemas que van más allá de la dádiva —como créditos a la palabra y esquemas productivos—, pero no han logrado que las transferencias de dinero a los pobres dejen de ser el pilar de la ayuda que ofrecen.
Es evidente que en un país con tanta desigualdad como el nuestro, los subsidios a los más desfavorecidos son indispensables. Sin embargo, las autoridades encargadas de distribuir esos subsidios no han logrado que éstos tengan propósitos claros y, sobre todo, plazos de cumplimiento.
Por eso, una familia, como la Flores, de Villa Comaltitlán, ha podido recibir transferencias de dinero por parte de los programas de combate a la pobreza durante dos décadas, y sus hijos los siguen recibiendo. Los subsidios deben servir para ayudar a superar una situación de apremio temporal, pero no deberían aplicarse sin límites.
En el combate a la pobreza hace falta un salto cualitativo. Sería muy difícil retirar de golpe la ayuda a las seis millones de familias que están en Oportunidades, pero es necesario romper los incentivos perversos para mantenerse perpetuamente en el programa.
Por ejemplo, he conocido versiones de que muchos beneficiarios mienten sobre su situación conyugal para evitar que se les retire la ayuda.
Y de alguna manera se ha creado la impresión de que cualquier esfuerzo que se haga para salir adelante por cuenta propia puede ser una causal de baja del programa.
Por eso, la ayuda debería orientarse a impulsar a los beneficiarios de Oportunidades y demás programas a que salgan de la pobreza, no mantenerlos en ella. Y, por tanto, a que dejen de necesitar esa ayuda en el mediano plazo.
Hay que acabar con las visiones paternalistas y los intereses electorales que parecen condenar a los pobres a que su única oportunidad de sobrevivencia consista en recibir la dádiva de un programa asistencialista.
Apuntes al margen
*La historia nos muestra que ningún partido político en México es inmune a la corrupción. Por desgracia, ninguno de ellos ha tomado este fenómeno con la seriedad debida. Cuando menos hasta ahora.
*Ayer por la tarde se anunció en el Senado de la República la próxima presentación de una iniciativa de reforma anticorrupción impulsada por el PAN y el PRD. Personalmente celebro todo esfuerzo que se dedique a cerrar el paso al patrimonialismo.
*A reserva de revisar con cuidado esta iniciativa, diré que lo que necesitamos es un mecanismo legal que 1) incremente la transparencia y rendición de cuentas sobre el uso de recursos públicos en los tres Poderes y tres niveles de gobierno, y 2) estipule con claridad las sanciones para quien cometa actos de corrupción y quién será el encargado de ejecutarlas.

El nuevo Mexican Moment: Estrictamente Personal

30. mayo, 2014|Sin categoría|No comments

nuevo Mexican Moment
Estrictamente Personal
Raymundo Riva Palacio I 30/05/2014 ,12:01 am
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El Mexican Moment sigue vigente. Ya no como una oportunidad llena de luces como hace un año, sino como una desombras y claroscuros. Los editores del semanario británico The Economist, el más influyente de su tipo en el mundo, autores intelectuales de la burbuja mágica en la que imaginaban al nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto, son los primeros que cerraron ese capítulo lleno de optimismo que comenzó en noviembre de 2012 cuando titularon “Mexico’s Moment”, un artículo que escribió para ellos el presidente electo, donde prometía: “Trabajaremos para un modelo económico, político y social próspero, en el cual el pragmatismo y el respeto de los valores liberales coexistan”.

The Economist, gran trompetista de los gobiernos mexicanos liberales, fue seducido. Ese artículo de Peña Nieto en un blog en su edición electrónica fue reproducido en la edición impresa de su número especial sobre el futuro del mundo que sacan en papel cada año. Ahora The Economist, que también suele decepcionarse rápidamente de los gobiernos mexicanos liberales y se corre a los extremos, es la vanguardia global de todos aquellos decepcionados de Peña Nieto. Ahora, en un artículo publicado en su última edición, titulado “el atorón de mañana”, afirma:

“Hasta lo que va del año, el gobierno de México se parece a uno de los muchos devotos de San Judas, patrón de lascausas perdidas, que hay en el país. Se ha aferrado tenazmente a un pronóstico de crecimiento de 3.9%, aún cuando su principal mercado de exportaciones, Estados Unidos, ha estado lento y los dos pilares de la economía interna –consumo y construcción-, han estado peor”.

El crecimiento fue ajustado a 2.7% el mismo día que la publicación salió a la calle, rectificación de pronóstico que, sin embargo, no amainó la tormenta, en México sobre el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y en el mundo sobre el presidente Peña Nieto. Los temas recurrentes son el magro crecimiento y si hay o no recesión en México. Los dos tienen explicaciones técnicas y metodológicas enfrentadas, pero por encima de ellos existe asimismo una lucha abierta escondida detrás del ámbito económico, que apenas se asoma por detrás del debate que se vive, donde participan múltiples actores, algunos incluso sin conocimiento técnico para discutir objetivamente. En esos entretelones, hay elementos que pueden aportar al entendimiento de la confrontación en este nuevo Momento Mexicano que mantiene incendiada la pradera nacional, y que tienen que ver con decisiones presidenciales.

Hay que voltear al presidente Peña Nieto que suele engañar con la verdad. En aquél artículo en The Economist mencionó la coexistencia del pragmatismo y los valores liberales. Si en México no lo veían venir, en Londres menos. El pragmatismo de Peña Nieto se vio claramente cuando, ante una crisis política que podría afectar la aprobación de la reforma energética, revirtió el incremento al IVA previsto para este año y se fue con una iniciativa del PRD y una idea del ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, para elevar impuestos a los contribuyentes de mayor ingreso. Todos los sectores productivos resultaron afectados por esa medida y transfirieron una parte del costo a los consumidores. Las consecuencias por las nuevas disposiciones fiscales, estancaron la economía o, de acuerdo con otra interpretación metodología, causaron una recesión.

Lo que sucedió es que la política económica, como en los viejos tiempos, se volvió a manejar desde Los Pinos con un enfoque político. Las élites, como las que refleja en sus páginas el semanario británico, se indignaron. ¿Cómo, ante elcambio de las variables exógenas, como el comportamiento de la economía de Estados Unidos, de la que es dependiente la mexicana, no hubo un cambio de dirección? Políticamente dogmática, la decisión de incrementar impuestos cuando la economía venía cayendo, fue a contrasentido económico, que exige en esas circunstancias bajar impuestos para estimular la economía. Pero el tema era político, como también lo fueron las provisiones en las leyes secundarias de la reforma energética donde los inversionistas en el mundo están teniendo dudas sobre sus proyectos de largo plazo.

A los inversionistas no les ha gustado que los órganos reguladores –que decidirán en dónde y a quién se les dan contratos para explorar y producir en aguas profundas-, quedaran en manos del gobierno. Las garantías jurídicas en la ley secundaria no les reduce el temor que les garantice que un nuevo gobierno –piensan en la lógica de López Obrador-, en el futuro los excluya de la actividad y pierdan los recursos y el tiempo invertidos, al dejar dentro de la ley la discrecionalidaddel gobierno esas decisiones.

Fueron los efectos de sus acciones políticas debajo de la máscara económica, lo que se encuentra en el trasfondo de la actual discusión sobre el crecimiento, y que tiene atrapado retóricamente el gobierno mexicano. Pero es el terreno en el cual quiso jugar y en el que lo están confrontando actualmente desde las sombras. Ha querido subordinar la economía a la política, que es una tentación que en el pasado resultó bastante dañino para el país. Es un terreno ya recorrido y por el cualdos generaciones han vivido en crisis. Rectificar esa visión y acción, es un buen consejo. Si es a tiempo, mucho mejor.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx
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Estrictamente Personal
Raymundo Riva Palacio I 30/05/2014 ,12:01 am
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El Mexican Moment sigue vigente. Ya no como una oportunidad llena de luces como hace un año, sino como una desombras y claroscuros. Los editores del semanario británico The Economist, el más influyente de su tipo en el mundo, autores intelectuales de la burbuja mágica en la que imaginaban al nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto, son los primeros que cerraron ese capítulo lleno de optimismo que comenzó en noviembre de 2012 cuando titularon “Mexico’s Moment”, un artículo que escribió para ellos el presidente electo, donde prometía: “Trabajaremos para un modelo económico, político y social próspero, en el cual el pragmatismo y el respeto de los valores liberales coexistan”.

The Economist, gran trompetista de los gobiernos mexicanos liberales, fue seducido. Ese artículo de Peña Nieto en un blog en su edición electrónica fue reproducido en la edición impresa de su número especial sobre el futuro del mundo que sacan en papel cada año. Ahora The Economist, que también suele decepcionarse rápidamente de los gobiernos mexicanos liberales y se corre a los extremos, es la vanguardia global de todos aquellos decepcionados de Peña Nieto. Ahora, en un artículo publicado en su última edición, titulado “el atorón de mañana”, afirma:

“Hasta lo que va del año, el gobierno de México se parece a uno de los muchos devotos de San Judas, patrón de lascausas perdidas, que hay en el país. Se ha aferrado tenazmente a un pronóstico de crecimiento de 3.9%, aún cuando su principal mercado de exportaciones, Estados Unidos, ha estado lento y los dos pilares de la economía interna –consumo y construcción-, han estado peor”.

El crecimiento fue ajustado a 2.7% el mismo día que la publicación salió a la calle, rectificación de pronóstico que, sin embargo, no amainó la tormenta, en México sobre el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y en el mundo sobre el presidente Peña Nieto. Los temas recurrentes son el magro crecimiento y si hay o no recesión en México. Los dos tienen explicaciones técnicas y metodológicas enfrentadas, pero por encima de ellos existe asimismo una lucha abierta escondida detrás del ámbito económico, que apenas se asoma por detrás del debate que se vive, donde participan múltiples actores, algunos incluso sin conocimiento técnico para discutir objetivamente. En esos entretelones, hay elementos que pueden aportar al entendimiento de la confrontación en este nuevo Momento Mexicano que mantiene incendiada la pradera nacional, y que tienen que ver con decisiones presidenciales.

Hay que voltear al presidente Peña Nieto que suele engañar con la verdad. En aquél artículo en The Economist mencionó la coexistencia del pragmatismo y los valores liberales. Si en México no lo veían venir, en Londres menos. El pragmatismo de Peña Nieto se vio claramente cuando, ante una crisis política que podría afectar la aprobación de la reforma energética, revirtió el incremento al IVA previsto para este año y se fue con una iniciativa del PRD y una idea del ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, para elevar impuestos a los contribuyentes de mayor ingreso. Todos los sectores productivos resultaron afectados por esa medida y transfirieron una parte del costo a los consumidores. Las consecuencias por las nuevas disposiciones fiscales, estancaron la economía o, de acuerdo con otra interpretación metodología, causaron una recesión.

Lo que sucedió es que la política económica, como en los viejos tiempos, se volvió a manejar desde Los Pinos con un enfoque político. Las élites, como las que refleja en sus páginas el semanario británico, se indignaron. ¿Cómo, ante elcambio de las variables exógenas, como el comportamiento de la economía de Estados Unidos, de la que es dependiente la mexicana, no hubo un cambio de dirección? Políticamente dogmática, la decisión de incrementar impuestos cuando la economía venía cayendo, fue a contrasentido económico, que exige en esas circunstancias bajar impuestos para estimular la economía. Pero el tema era político, como también lo fueron las provisiones en las leyes secundarias de la reforma energética donde los inversionistas en el mundo están teniendo dudas sobre sus proyectos de largo plazo.

A los inversionistas no les ha gustado que los órganos reguladores –que decidirán en dónde y a quién se les dan contratos para explorar y producir en aguas profundas-, quedaran en manos del gobierno. Las garantías jurídicas en la ley secundaria no les reduce el temor que les garantice que un nuevo gobierno –piensan en la lógica de López Obrador-, en el futuro los excluya de la actividad y pierdan los recursos y el tiempo invertidos, al dejar dentro de la ley la discrecionalidaddel gobierno esas decisiones.

Fueron los efectos de sus acciones políticas debajo de la máscara económica, lo que se encuentra en el trasfondo de la actual discusión sobre el crecimiento, y que tiene atrapado retóricamente el gobierno mexicano. Pero es el terreno en el cual quiso jugar y en el que lo están confrontando actualmente desde las sombras. Ha querido subordinar la economía a la política, que es una tentación que en el pasado resultó bastante dañino para el país. Es un terreno ya recorrido y por el cualdos generaciones han vivido en crisis. Rectificar esa visión y acción, es un buen consejo. Si es a tiempo, mucho mejor.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Destellos en la oscuridad

16. marzo, 2014|Sin categoría|No comments

Destellos en la oscuridad
Renato Sales H.

Mi padre, Renato Sales Gasque, murió en Campeche hace ya diecisiete años. Lo extraño siempre. Cuán cierta es esa frase que dice que la orfandad no es transitoria. Entre sus muchos libros, que dan cuenta de la profundidad y diversidad de los que fueron sus intereses, encuentro, en estos días de guardar, uno pequeño. Nunca lo había visto. Su título: Por la fe a la justicia, de Carlos G. Valles.
En estos tiempos de violencia y muerte en que todo desespera leo un capítulo, “Destellos en la oscuridad”: “Había estado lloviendo toda la noche, y por la mañana las calles eran ríos de barro. Yo tenía que cruzar la calle por algún sitio para ir a la acera de enfrente, y estaba viendo cómo me las podía arreglar para cruzar a pie aquel pantano. Había parado de llover, pero el barro era hondo y traidor, y aventurarse en él era arriesgarse al accidente. Examiné el terreno y entonces vi, con gran alivio mío, toda una línea de ladrillos cuidadosamente colocados de lado a lado, a distancia precisa uno de otro, lo bastante para guiar y aguantar cada paso y permitirle al caminante llegar a salvo a la otra orilla…. fui pisando los ladrillos uno a uno. Llegué sin problemas. Y al llegar y mirar hacia atrás y ver la serie de ladrillos en la calle embarrada pensé una vez más en una idea favorita mía del reino del espíritu, un concepto clave para explicarme a mí mismo y a otros cómo actúa la fe en el mundo del sufrimiento, un ejemplo mínimo de una gran realidad espiritual, la fe, firme y concentrada (grano de mostaza) en medio de un mundo hostil, actúa con brevedad limitada pero intensa y aguda, para indicar el camino sin resolver el misterio: como destellos en la oscuridad, como indicios en la ignorancia, como pistas en la búsqueda, como ladrillos en el barro. Es el concepto de ”.
Siempre me ha impresionado la figura de Jesús en tanto líder histórico, quizás porque su vida misma y lo que hizo son, precisamente, signos.
Jesús fue un líder atípico. No buscó, nunca, el poder convencional. Al contrario, se alejó y dijo: “mi reino no es de esta tierra”, y se rodeó de menesterosos, de pescadores.
Afirmar que los miserables merecían consideración y respeto fue de por sí una extraña declaración. Llamó a los pobres “la luz del mundo”, la “sal de la tierra”, y dijo que le sería “más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos”.
Sabía que no contaba con los recursos ni económicos ni militares para enfrentarse al poder de Roma y desarrolló, inventó propiamente, la práctica de la resistencia civil pacífica que después usarían, con éxito, Gandhi y Luther King, entre otros. Gandhi llegó a comentar que su misión existencial se le hizo clara, por primera vez, luego de leer el sermón de la montaña.
Supo Jesús que los ciclos de venganza se detienen si no se enfrenta violencia con violencia. Se opuso, pues, a la ley del Talión: “Habéis oído que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente, pero yo os digo: No resistáis al mal, y si alguno te abofetea en la mejilla derecha, dale también la otra; y al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica déjale también el manto y si alguno te requisara para una milla, vete con él dos”.
Contra la costumbre expulsó a los mercaderes del templo, quebrantó la ley del sábado, habló con la samaritana, perdonó a la adúltera. “He venido al mundo a traer una crisis”, dijo. Y fue traicionado, vendido y torturado.
A más de dos mil años de su muerte. Las palabras del Cristo, que partieron en dos la historia, impulsan la acción. Dice Carlos G. Valles: “La conducta honrada de una sola persona entre mil que ya no lo son es una manera práctica y efectiva de decir que la honradez sigue siendo posible. Eso es lo que es el que da esperanza mientras dura la lucha. El canto de un pájaro en el desierto. Un rayo de luz en la obscuridad”.
rensal63@hotmail.com

Alerta en el sistema financiero por el sobrendeudamiento

12. marzo, 2014|Sin categoría|No comments

Alerta en el sistema financiero por el sobrendeudamiento
Por Roberto González Amador mié, 12 mar 2014 08:43
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Foto Ap

México, DF. Las autoridades financieras advirtieron este martes de un riesgo a la estabilidad del sistema financiero, derivado del incremento en las deudas de personas que obtienen créditos en los que el acreedor tiene certeza de pago, como los concedidos por los organismos públicos de vivienda, y al mismo tiempo reciben préstamos de instituciones bancarias, lo que puede derivar en un problema de sobrendeudamiento.

La advertencia fue hecha por las autoridades en un momento en que la cartera vencida en los préstamos que otorga la banca para el consumo de personas y familias –tarjetas de crédito, préstamos de nómina y personales– se situó en 34 mil 95 millones de pesos en enero pasado, el monto más alto en cuatro años y medio, de acuerdo con datos del Banco de México (BdeM).

Las 18 versiones de Mario Aburto

12. marzo, 2014|Sin categoría|No comments

Las 18 versiones de Mario Aburto

Escrito por:
Carlos Marín

En declaraciones ministeriales y judiciales, desde la noche misma del 23 de marzo de 1994, Mario Aburto Martínez reconoció haber disparado en dos ocasiones contra Luis Donaldo Colosio, con el propósito de llamar la atención de la prensa y exponer sus ideas pacifistas, así como la información que tiene de diversos grupos armados que se encuentran en varios estados de la República.
Dos días después varió su versión y la fue modificando con distintos matices, que fueron desde afirmar que se le ocurrió en los segundos previos porque le indignó que el candidato desairara a una mujer que quiso entregarle un escrito; que más bien se trató de un accidente y admitir que el segundo disparo fue resultado del forcejeo en el momento de su detención; decir luego que accionó el gatillo nada más una vez y negar que la bala en la cabeza hubiera sido letal, para terminar aceptando, únicamente, que “oyó” las detonaciones.
La imagen, sin embargo, del revólver calibre .38 Taurus amartillado que capturó el célebre video en el momento preciso del crimen, no deja dudas de que Aburto disparó la bala que mató a Luis Donaldo Colosio.
A continuación, el autorretrato del asesino en 18 versiones redactadas por los escribanos de actuaciones ministeriales y judiciales; los testimonios de personas que lo trataron en distintos momentos; el relato de puño y letra escrito por Aburto y la reconstrucción de hechos que protagonizó el propio asesino (dirigiendo cámaras) en la prisión de alta seguridad de Almoloya de Juárez
1. Del interrogatorio policiaco practicado en la subdelegación de la PGR en Tijuana el 23 de marzo de 1994: … asumo las consecuencias, no me interesa decir nada. Sólo quería herir al candidato para que la prensa me filmara […] por eso reitero que no tenía ninguna intención en hacerle daño al candidato, grave no, sólo herirlo pero cuando alcé el arma alguna persona me aventó o movió.
Manifestó tener de 23 años de edad, estado civil soltero, originario de Zamora, Michoacán, y ocupación mecánico industrial […] Que el de la voz tenía diversas ideas pacifistas, radicando en diversos estados de la República mexicana donde se reunía con un grupo de gente de diversas ideas políticas. Que al declarante lo conocen con el sobrenombre de “Caballero Águila” y que significa una condecoración […]. Estudió en un seminario toda vez que quería ser sacerdote, renunciando a esto en virtud de que iba a ser enviado a Puerto Rico, llegando a esta ciudad [Tijuana] en el año ochenta y seis, ochenta y siete, trabajando en una fábrica de esta ciudad como supervisor de Producción y que actualmente tiene un mes de estar trabajando como mecánico industrial […]. Que tenía tiempo de venirse preparando [en un campo de tiro] para herir al candidato… Para lograr su cometido, adquirió en compra una pistola calibre treinta y ocho especial, de una persona de la cual no quiere proporcionar su nombre… Que era su intención directa herir al candidato ya referido para lograr la atención de la prensa y exponer ante ellos (sic) sus ideas pacifistas, así como la información que tiene consigo de diversos grupos armados [el 1 de enero había irrumpido en Chiapas el Ejército Zapatista] que se encuentran en diversos estados de la República Mexicana, ya que él personalmente ha estado con esos grupos de personas donde se percató de las ideas que tienen éstos. Asimismo, recuerda que en el momento de disparar frente (sic) al candidato fue empujado por una de las personas que se encontraban en ese lugar, logrando efectuar los disparos con el arma de fuego que portaba, siendo detenido en esos momentos por unas personas vestidas de civil, mismos (sic) que lo trasladaron con los policías que se encontraban en ese lugar de la Judicial Federal de esta ciudad.
Fuera de reconocer el revólver matrícula 958400 con capacidad para seis cartuchos, así como dos todavía útiles y dos más percutidos, manifiesta el declarante que reconoce dicha arma como la misma que portaba.
2. Interrogatorio practicado durante el traslado de Tijuana, Baja California, a la ciudad de México, el 24 de marzo de 1994, en el que mencionó: …en ningún momento pensé en llegar a herir de gravedad al licenciado, por eso cuando me dieron la noticia de que había fallecido, perdí el conocimiento […] en ningún momento quise, quise asesinarlo […] gracias a que nada más lo iba a herir.
3. Declaración preparatoria del 25 de marzo de 1994: Que aún no es su deseo declarar pero sin embargo quiere externar que algunas cuestiones que constan en el expediente no son exactas, sin que esto signifique que quiere eludir su responsabilidad, porque está consciente de lo que hizo. Que asimismo quiere agregar que es su deseo no se involucre a personas inocentes, tampoco su familia tenía conocimiento de lo que iba a hacer, como lo es la persona que detuvieron junto con el declarante, del sexo femenino [Graciela Martínez], a quien le atribuían que era su novia, siendo que no tenía novia cuando acontecieron los hechos. Que no pretende obtener su libertad. Que no estaba estudiando para sacerdote sino que iba a estudiar para tal, y que no quiso porque lo iban a mandar a Puerto Rico. Y que en cuanto a la condecoración que se refiere [“Caballero Águila”] no fue dada por algún grupo sino que fue un apodo que alguna gente de la sociedad lo nombró así, y que esto se creía por un anillo que portaba en su mano izquierda […]. Que no pertenece a ningún grupo político ni grupo de cualquier tipo y que en cuanto a los grupos armados de que se manejó la información que él conocía, en ningún momento los conoció.
Dicho lo anterior, solicitó que le fuese leída su declaración y una vez concluida hizo las siguientes aclaraciones: …Que no pertenece a ningún grupo o partido político, en cuanto a los grupos armados que se manejó él conocía, en ningún momento los ha conocido… Que llegó minutos antes de que terminara el mitin [pero] que no fue premeditado… Si hubiera sido premeditado, desde la loma hubiera podido hacer otra cosa con rifle.
4. Del tipo y la dinámica del delito plasmada en la Historia Clínica Médico-Criminológica, practicada en el penal de Almoloya por el médico Juan Antonio Vargas Brambila, jefe de la Oficina Médico-Criminológica, el médico Gustavo Castillo Ramírez, jefe del Departamento Médico, señaló: Espontáneamente se presenta en el mitin político del candidato presidencial licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta, acercándose a éste, desenfunda su arma con la intención de herirle un pie, por tan sólo llamar la atención de la prensa, pero una señora se interpone entre ambos y a la vez es empujado por otra persona, desviando con esto la trayectoria del disparo colocándolo a nivel del cráneo, hace un disparo solamente cuando otra persona de sexo femenino le agarra la mano que portaba el arma, forcejeando con éste y produciéndose un segundo disparo.
5. Comentario realizado a la trabajadora social del Cefereso de Almoloya de Juárez, Antonieta Torres Bernal, contenido en el documento “Diagnóstico Social” del 28 de marzo de 1994: …acepta la comisión del delito, refiriendo que su única intención era herir al candidato, para poder llamar la atención de la prensa y hacer declaraciones pacifistas, a fin de hacerles ver a los mexicanos que la violencia no es buena.
6. Versión del delito que manifestó a la doctora Angélica Ramírez Escamilla en el Cefereso de Almoloya de Juárez, asentado en el “Estudio Clínico Criminológico” del 29 de marzo de 1994: que solamente deseaba herirlo en el pie para darle una “lección al gobierno, porque pone en peligro la estabilidad del país”.
7. Versión del delito que refirió a la psicóloga Martha Rocío Millán Arias, contenido en el documento “Área de Psicología. Entrevista inicial” del 29 de marzo de 1994, en el Cefereso de Almoloya de Juárez: …Volví a encontrarme cerca con él [licenciado Colosio], en cuestión de segundos recordé que traía mi arma y pensé en pegarle en un pie y llamar la atención de la prensa para hacerles mención de mis inquietudes. Sin embargo, se atravesó una señora y se hizo un espacio para poder darle en el hombro, pero cuando le apunté a pegarle en el hombro y me sentí seguro, alguien me empujó y ya no supe en dónde le había dado.
8. Declaración preparatoria del 6 de abril de 1994 por “el delito de asociación delictuosa”:Que llegó minutos antes de que terminara el mitin; que el homicidio no fue premeditado, ya que en los videos se aprecia que el lugar tiene “lomas enfrente”; que si hubiera sido premeditado, desde la loma se hubiera podido hacer otra cosa con un rifle.
9. Diligencia de inspección ocular de diversos videocasetes, 8 de abril de 1994. En el minuto 7:12, donde parece que “cae” quien fue clasificado como “El clavadista”, esta persona le golpea el pie derecho y al mismo tiempo tropieza por el dolor y es cuando pierdo totalmente el control del arma y sucede el accidente, bajó el arma para tirarla, una persona no identificada le toma la mano, quiere alzarle el brazo, y en el forcejeo se acciona de nueva cuenta […], y no pudo darse cuenta de lo ocurrido, pensó que otra persona había accionado un arma.
10. Fe de identificación de persona llevada a cabo el 15 de abril de 1994 por el entonces procurador de Derechos Humanos de Baja California, José Luis Pérez Canchola, en el Centro Federal de Readaptación Social de Almoloya del 15 de abril de 1994: …la persona que le vendió el arma le había entregado cinco tiros, pero que él había disparado uno en un lote baldío enfrente de su casa. Que esto lo hizo para probar el arma. Que en esas condiciones, con el arma en su poder y con cuatro tiros útiles es como llegó al mitin del licenciado Colosio. Que al llegar se acomodó entre la multitud que había y que enseguida terminó el mitin y vio cómo el Lic. Colosio empezó a salir del lugar. Que al verlo cerca se dio cuenta cómo una señora le quiso entregar unas hojas de papel a manera de rollo, y que el Lic. Colosio le empujó la mano con los papeles haciéndola a un lado y que este hecho le hizo sentir mucho coraje pensando que: “si ahora hace esto qué no hará cuando sea presidente”… acto seguido pensó darle un susto al Lic. Colosio y ya estando cerca sacó la pistola con la intensión de: 1) dispararle a los pies o 2) dispararle a un brazo o un hombro. Que decidió hacer esto último y al levantar el arma sintió de pronto un fuerte golpe en la pantorrilla derecha, considerando ahora que alguien le dio un puntapié con todas sus fuerzas, quizá porque vio cuando hizo su movimiento con el arma. Que esto hizo que se desviara de su objetivo y accionara el arma sin darse cuenta en dónde pegó el tiro. Que acepta ser por lo tanto el que disparó… que esto que hizo fue una tontería de su parte pero que así sucedieron las cosas.
11. En la vista que María Luisa Martínez y la madre Mary Antonia Brenner le hicieron en el Cefereso, el 19 de abril de 1994, la religiosa declaró que el inculpado expresó: …yo lo maté, pero yo no quería matarlo […] tengo que pagar mi cuenta, no gente inocente.
12. La entrevista con el periodista Jesús Blancornelas para el semanario Zeta, realizada el 24 de abril de 1994: …cuando el licenciado Colosio terminó de decir su discurso, cuando iba caminando, una señora se le acercó y él con la mano izquierda la hizo a un lado, al parecer ella se le acercaba con algunos papeles en la mano, después también fue una persona de lentes de pelo corto, entonces me sale algo dentro de mí, algo espontáneo, y en mi ignorancia, se me hace pensar sacar el arma y tirarle a los pies. Sin en ningún momento llegar a pensar que me podían quitar la vida, ahí nada más, por una tontería de ese tipo […]. Yo soy el único responsable de este accidente […] aunque no aparece mi rostro en los videos, para mí lo más fácil sería decir: “No fui yo, señores, me quito el problema de encima”. Pero nunca he dicho yo eso. He sabido reconocer desde un principio mi error, que yo cometí [...] yo quiero pagar mi responsabilidad.
13. Ampliación de declaración preparatoria del 29 de abril de 1994: …surge una reacción espontánea de sacar el arma y apuntarla a los pies […] se me dio un golpe en el pie derecho[…] que me hizo perder el equilibrio y por tal motivo fue como se suscitó el accidente […]que quería pagar su responsabilidad de este accidente […] y que desde un principio ha estado diciendo que él es responsable del accidente […] se ha estado culpando a gente inocente […] nadie hay detrás de esto y que nadie lo mandó hacer absolutamente nada(sic).
Que en relación con el apodo que se le atribuye de “Caballero Águila”, el declarante nunca ha contado (sic) con un apodo […]. Que compró el arma para defensa propia, y que el día de los hechos se dispuso a llevar el arma a su trabajo para ofrecerla en venta. Abordó el transporte de la empresa, llegó al centro de la ciudad… Se acordó de un mitin sin saber de qué partido, dirigiéndose a éste… Que los motivos que lo llevaron a ese lugar fue (sic) saber qué era un mitin y al llegar caminó en dirección a éste, observando que ya estaba hablando el licenciado Colosio, que siguió caminando hacia donde pudiera observar y escuchar lo que acontecía, en ese momento el candidato dejó de hablar y empezó a caminar, entre empujones y tropezones llegó hasta él, que quiso salirse con dirección a la derecha pero unas personas se lo impidieron, siguió caminando por los empujones y en ese momento volteó la cabeza hacia la izquierda y que con el puño izquierdo el candidato hizo a un lado a una señora que al parecer llevaba unos papeles en la mano, en esos segundos una persona de lentes y pelo corto también la desplazó, ahí surge una reacción espontánea de sacar el arma y apuntarla a los pies, en ese momento se le dio un golpe en el pie derecho que le hizo perder el equilibrio y fue como se suscitó este accidente; que en el video se puede ver como si hubiera ido directamente hacia el licenciado y no se alcanza a apreciar cuando se le da el golpe… que al tiempo que iba a tirar el arma una persona lo toma del puño como si tratara de dirigirle el brazo, en el forcejeo se oye un segundo disparo, que logra tirar el arma.
14. La versión del delito que le dio al doctor Carlos Tornero, la cual aparece en un dictamen del 19 de junio de 1994: “El día veintitrés de marzo dijo haber asistido a trabajar llevando consigo el arma […] tenía un periódico y en éste se anunciaba un mitin […] en la colonia Lomas Taurinas […] dirigiéndose al lugar de los hechos […] Una vez que concluyó el mitin la gente empezó a retirarse, pero como eran muchos, se empujaban algunas personas [que]esperaban al candidato para entregarle escritos o saludarlo, una señora trató de darle un escrito pero el candidato “le aventó la mano”, situación que al entrevistado le molestó. En ese momento pensó en “darle un escarmiento” […], “eso no se debe hacer con la gente”, fue entonces que trató de acercarse al candidato, sacó la pistola intentando dispararle a los pies pero como el terreno estaba muy disparejo en ese momento, y no sabe en qué instante emite el segundo disparo.
15. La versión del delito que le comentó al psiquiatra Alberto Lafuente Grimaldi, presentada ante el juzgado en el dictamen del 19 de junio de 1994: En ningún momento he dicho que soy inocente […] yo cometí un error y quiero pagar […] si en ese momento me hubieran dicho que con mi sangre salvaba al licenciado, yo la hubiera dado toda […] no busco eludir la justicia, yo cometí un error, soy el responsable de algo, no peleo salir libre, quiero algo justo.

16. Ampliación de declaración judicial del 1 de julio de 1994: Que llegó a Lomas Taurinas, se paró frente a una casa como de dos pisos, que estuvo entre la última gente, que el señor Colosio dijo unas palabras, y empezó él y la gente a caminar por donde él estaba, obligándolo a caminar por los empujones, trató de salirse por la derecha, pero la gente le impidió el paso, por eso lo empujaron de nuevo y le pegan en la pistola que traía en la cintura del lado derecho, que le calaba mucho la bola donde van las balas, que cuando lo empujan casi le tiran la pistola, es cuando la toma con la mano derecha para meterla a la bolsa derecha de su chamarra, en eso se abre un espacio frente a él y volteó a la derecha para salirse, pero no se podía, que trató de taparse con la gente para poder guardar la pistola, volteó a su izquierda y después hacia la derecha para ver si había espacio y salirse, pero debido al espacio no se podía, porque se miraría más la pistola, pensó ponerla en la cintura enfrente del pantalón, pero no quiso porque la pistola le “calaría” más, volteó una vez más a la izquierda y se hizo hacia el costado izquierdo tapando la pistola con su cuerpo, para que la gente que venía detrás no la llegará a ver; y cuando se tapaba con la gente de la izquierda para poder meter la pistola a la bolsa de su chamarra, por voltear a su izquierda, alcanzó a mirar que el licenciado Colosio con la mano izquierda desplazó a una señora la cual es después desplazada por una persona de lentes oscuros y pelo lacio, que tropezó levemente logrando mantener el equilibrio, que la gente de adelante debido a que una persona cae, que es la que señalan como la del “clavado”, que abre sus pies el derecho adelante y el izquierdo poco hacia atrás, alcanza a girar hacia su izquierda, en eso siente un golpe en la pantorrilla, empieza a doblar la pierna y alzó la mano derecha, busca apoyarse sin acordarse de que traía la pistola en la mano y es cuando se activa el arma, debido a la contracción de sus músculos, se oye un disparo, siente un movimiento fuerte en su mano derecha al oírse el disparo […], que iba cayendo debido a que perdió el equilibrio por el golpe o puntapié en la pantorrilla [ya no es el pie] prueba de esto es que en los videos, después de oírse (sic) el primer disparo, no se encuentra de pie, en eso alguien le arrebata el arma y cae sobre él una persona de chamarra azul y complexión obesa, le toma del brazo ya sin el arma, en esos segundos se oye otro disparo, pero despacio.
Cuando se oye el primer disparo, dijeron que su mano estaba recta y extendida apuntando al licenciado Colosio, esto es falso, en unas fotos se puede ver que la mano no está extendida ni recta viendo (sic) hacia abajo porque se iba cayendo cuando se oye el segundo disparo él estaba sentado en el suelo y sin arma, que cuando una persona de chamarra azul y obesa le toma del brazo y cae encima de él ya no tenía el arma y cuando se oye el segundo disparo, la persona obesa le pregunta dónde está el arma, contestando que no sabe, prueba de esto es que no lo detuvieron con el arma porque después de varias horas la entregaron, se la pidieron a una persona que parecía estar escondiéndola, pretenden hacer creer que efectuó dos disparos, el general en su última ampliación reconoce que “del primer disparo que oyó fue detenido”, dando a entender que no hizo el segundo disparo que se oyó más despacio, no pudiendo ser la misma pistola, puesto que el volumen del sonido fue igual desde que se oye el primero y el segundo disparo, prueba de esto es el video donde se oye el otro muy despacio, que iba a 70 centímetros del licenciado Colosio y jamás hubo otro disparo por parte suya.
Aburto insiste: el licenciado Colosio terminó de hablar, bajó y empezó a caminar, él se quedó parado en el lugar donde se encontraba, no se pudo dar cuenta qué dirección y distancia llevaba el candidato de él, que en un video se ve que la víctima iba a una gran distancia de donde él se encontraba, que cuando se le empuja por la gente es obligado a caminar unos cuantos pasos, voltea hacia su derecha para ver si podía subirse y lo vuelven a empujar pegándole en la pistola que traía del lado derecho, que se iba a caer, pensó sacarla y ponerla en la bolsa derecha de su chamara, voltea a la derecha y en ese instante se abre un espacio, queda al descubierto el arma que había sacado, pensó ponerla en la cintura por el frente, pero no quiso […]. Como se ve en un video, tropezó […], trata de mantenerse en pie, el dolor no se lo permite y es más fuerte, se tensan sus músculos y se activa el arma, al realizarse el disparo se va cayendo girando hacia la izquierda, al momento de ir cayendo una persona le alcanza a arrebatar el arma y cuando iba doblando su cuerpo se oye un segundo disparo.
Que el segundo disparo no lo realizó, tal vez la gente que acompañaba al licenciado Colosio fue quien lo realizara.
17. Declaración manuscrita (fechada el 15 de agosto) que presentó ante el juez el 9 de septiembre de 1994: …fue cuando el Lic. Colosio dijo unas cuantas palabras, y se bajó del lugar donde estaba, y empesaron a aplaudir y a caminar la jente, pensé quedarme parado en el mismo lugar pero la jente empeso a empujar, entonces medi la buelta para irme porque pense que ya habia terminado el mitin, la jente empeso aempujar… me ago asia mi costado isquierdo tapando la pistola con mi cuerpo a la jente de atrás y cuando me tapara con la jente de la isquierda poder meter la pistola a la bolsa derecha de la chamarra, por boltear a mi isquierda y alcansar a mirar que el Lic. Colocio con la mano isquierda desplasa a una señora de lentes en la cabeza y que parecia traia unos papeles en la mano, y despues es desplasada por una persona de lentes oscuros y pelo lacio… cuando tropieso levemente logro mantener el equilibrio abriendo un poco mis pies, el derecho adelante y el isquierdo atrás y alcanso a jirar asia mi isquierda, en eso siento un golpe o puntapie en mi pantorrilla derecha y se empiesa a doblar y also la mano derecha para apollarme de alguna persona, sin acordarme que traia la pistola en la mano y es cuando se activa el arma devido al golpe o puntapie en la pantorrilla, y a que se contraen mis musculos y nervios devido al dolor tan fuerte del golpe que resivi de alguien, entonces se olle un disparo tan fuerte que quedo aturdido y siento un mobimiento muy fuerte en mi mano derecha al oirse el disparo, y no veo nada, no pudiendome dar cuenta asta esos momentos que era lo que avia pasado, yo iba callendo devido a que perdi el equilibrio por el golpe en la pantorrilla, y en eso siento que alguien me arrebata el arma y caigo sentado, y alguien cae sobre mi de chamarra azul y obeso me toma del braso pero ya sin el arma, y en esos cuantos segundos se olle otro disparo pero despacio […] y tampoco es sierto de que yo le alla disparado, porque como se puede ver en los videos, yo caigo al suelo de sentaderas y sin el arma en la mano, porque me la arrebatan antes de caer […], por eso en cuestión de cegundos se ollo el otro disparo […] y no vi a quien le habían pegado los dos disparos que se olleron.

En síntesis, Aburto se autoanalizaba: “No estoy mal de mis facultades mentales”; se autocompadecía: “Estoy solo y no puedo tener una defensa como es debida”. Clamaba: “Se quieren ensañar conmigo” y negaba que el suyo fuese un “homicidio doloso” porque, sostenía, “fue un accidente”.
La razón de su encarcelamiento la encontraba en “ser el peor de los imprudentes”.
En 10 páginas tamaño oficio (el escrito equivale a 25 cuartillas tradicionales y cada una fechada en el reverso: 15-agosto-1994 con un garabato de interrogación por “firma”), letra de molde apretada y menudita, lamentable ortografía y pésima puntuación, Aburto logró que el juez Alejandro Sosa Ortiz diera entrada al documento que el asesino dijo entregar “con el fin de demostrar que no puede haber contradicciones cuando se habla con la verdad”.
Mintió de nuevo al escribir que llegó a Lomas Taurinas cuando estaba a punto de concluir el mitin (en fotografías aparece aguardando entre la multitud, mucho antes de que Colosio llegara a Lomas Taurinas).
El manuscrito retrata un Aburto desconcertante, impredecible, que describe situaciones de manera escalofriante; prolijo en vaguedades y abstracciones; en citas de leyes y reglamentos, disertaciones sobre armas, explicaciones anatómicas, descripciones en apariencia técnicas de movimiento de cuerpos, coartadas literarias, proclamas contra la violencia y acusaciones en bloque: todos los involucrados en la investigación del caso —incluidos los peritos— inventan y calumnian, y todos los testigos fueron amedrentados o sobornados.
Según Aburto, nunca se le creería porque el gobierno era corrupto: “Se iban a ensañar conmigo, y jamás me creerían la verdad de que fue un accidente porque estaba yo solo contra el gobierno”.
La pistola, dice, la compró cuando viajaba en un taxi colectivo, “donde le pregunté a un señor de edad madura que si conocía a alguien que vendiera una pistola o que quisiera vender. Me contestó que no, pero que él tenía un arma que me podía vender, y por ir platicando ya no me bajé donde debería bajarme. Después el señor me dijo que me bajara donde estaba un depósito de cerveza por ese bulevar del Mariano Florido, y que él volvería con el arma. Me preguntó que si traía el dinero y le contesté que cuánto era cuando me bajé del taxi. Esperé al señor y regresó a los 40 minutos con el arma, le di el dinero y casi me lo arrebató de las manos, se despidió, y se retiró muy gustoso y de prisa. Después de haberla comprado me arrepentí porque pensé que en vez de ser una protección para mi familia podía ser un peligro porque mi mamá y yo no conocíamos de armas, y mi hermanita es muy traviesa y se olvida dónde deja sus juguetes y tal vez en una de sus búsquedas podía encontrar el arma […]. Se la ofrecí a un compañero de trabajo, Martín Beliz. Pero no quiso. Cuando iba saliendo de la empresa, oí al guardia que leía un periódico, a quien sólo se le entendió que iba a haber un mitin en la colonia Lomas Taurinas, con un señor Colosio […]. Al licenciado no se le privó de la vida en esos instantes, ya que llegó con vida al hospital e iba herido o lesionado. Prueba de esto es que en las primeras noticias por televisión en Tijuana, mencionaron que no había peligro, que todo estaba bien y que sólo estaban batallando con la herida en el abdomen, porque lo contraía y lo inflaba, y que el disparo, de la herida o lesión en la cabeza, no era de peligro…”.
18. En el video correspondiente a la diligencia judicial de reconstrucción de los hechos practicada en el interior del Cefereso de Almoloya, el 16 de septiembre de 1994, describe y admite su crimen, aunque según él se trató de un accidente: cuando intentaba guardar el arma en la bolsa derecha de su chamarra, toda vez que le “calaba” cuando la traía en la cintura, la gente se abalanzaba y lo aventaba, por lo que siguió caminando con el arma en la mano derecha pegada a la pierna del mismo lado, cuando de repente una persona que identifican como la del “clavado” se cae y detiene a la gente, quedando él ligeramente adelante del licenciado Colosio y a la derecha, siendo que cuando la gente se detiene, él tropieza levemente y para mantener el equilibrio da un pequeño paso con el pie derecho y el izquierdo lo coloca atrás realizando un pequeño giro y es entonces cuando Tranquilino Sánchez empuja a la persona que está frente a él, recibiendo en ese momento un puntapié en la pantorrilla derecha, no sabiendo si éste se lo da esa persona o Tranquilino, pero el caso es que queda aturdido por el dolor y está por caerse, dando un giro a la izquierda, momento en el cual su brazo derecho sube, acompañando el giro, y él mira el piso y trata de detenerse con alguien, lo que no logra.
Reseñé así la videograbación de la diligencia judicial: De no ser por el revólver que se puso en la cintura, Mario Aburto Martínez parecía uno más de los reclusos en el penal de Almoloya de Juárez, enfundado en su impecable uniforme beige.
Ese día, a partir de las nueve y media y durante casi dos horas, el asesino confeso de Luis Donaldo Colosio dirigió la actuación de cuatro imponentes policías (que actuaron en todo momento como dóciles “extras”) e hizo una caracterización de sí mismo para dar su versión de lo que ocurrió en Lomas Taurinas, en Tijuana, la tarde del 23 de marzo.
Durante la escenificación, Aburto puso y dispuso lo que quiso y como quiso, ante la contenida mesura del juez Alejandro Sosa Ortiz, la subprocuradora especial Olga Islas, y Tranquilino Sánchez Venegas y Rodolfo y Vicente Mayoral.
“Por favor, señor Pietrus (renombró a uno de los fotógrafos de la Procuraduría General de la República, llamado Pedro), ¿podría tomar la foto aquí? Así. Que vean que la bola de la pistola (en realidad: el cilindro), al tiempo que iba caminando, se metió un poco más… Así, muy bien”.
Aburto se desplazaba con naturalidad de uno a otro lado del auditorio de la prisión. Se detenía, acotaba, instruía, repetía distintos movimientos. Pero sobre todo posaba: “También estaba el tumulto y yo me encontraba parado. El licenciado Colosio estaba a mi izquierda, a una distancia… Bueno, después lo digo. Entonces, al ver que ya había terminado el mitin (volvió a decir que no sabía lo que era un mitin y quiso ver uno), cuando el licenciado ya va lejos, yo hago esto así (como si diera un paso). ¿Podrían filmar todo, por completo, el movimiento que hago?”.
“Yo me quedo parado y hago este movimiento así, para salirme a mi costado derecho… Al tiempo que hago esto, veo que no puedo salir y hago así, y cuando hago esto así, una persona por detrás me empuja. ¿Podría empujarme levemente? (pide a uno de los agentes que la hace de maniquí). Pero…, perdón, a ver si me permiten una persona de mi estatura (cambio de ‘extra’) así…”, y les decía que si podían tomar una foto por este lado, por aquí…
“Entonces, cuando me empujan —hago la aclaración de que la mano no la llevaba así, sino que quise levantarla aquí para que pudieran tomar la fotografía; ya la puede bajar (comenta a uno de los agentes), y allí es cuando me empujan”.
Durante la reconstrucción, Aburto modificó una vez más las distintas versiones que del homicidio ha venido diciendo desde su primera declaración.
En el aspecto medular, el que tiene que ver con el móvil del asesinato, primero dijo que disparó a Colosio para “llamar la atención”; después, que para darle un escarmiento al candidato —queriendo “dispararle a los pies” por haber desairado a una mujer que quiso entregarle unos papeles—. En la escenificación, dijo no tener idea de a quién le disparó: “… Quisiera hacer esta aclaración: jamás en mi vida había visto al señor Tranquilino Sánchez Venegas, ni a los señores Mayoral, ni incluso no conocía a nadie de las personas que se encontraban en ese mitin (y ahora señalaba a los cuatro agentes). Tenía la vista así, sin ver quién era esta persona, ni quién era esta persona, ni quién era esta persona (el que representaba a Colosio)”.
Pidió a los camarógrafos: “…Y si pueden tomar una fotografía de cuerpo completo, para que se vea cómo está el arma, y mi vista hacia dónde la tengo… Entonces, al tiempo de recibir el golpe en mi pie, en mi pantorrilla, estoy por caerme y el arma —fíjense los movimientos que hace mi mano izquierda y también mi mano derecha— hace esto así, así (Aburto se mueve en cámara lenta), más o menos así… y el arma, ¿cómo va subiendo?, de esta forma; y mi vista la tengo inclinada hacia abajo, mirando así porque voy a caer, mirando hacia abajo, y busco apoyarme, queriendo hacer un movimiento de detenerme con alguna persona, tal vez así para agarrarme, y no logro detenerme. Entonces, lo que hago, al no soportar el dolor tan fuerte en mi pierna y al tensarse los músculos por el golpe en la pantorrilla, se activa el arma. No logro ver a quién le pego. Ni siquiera me di cuenta si había salido de mi arma o no, y quedo totalmente aturdido y no logro ver absolutamente nada, de dónde salió el disparo ni a quién le pegó…”.
Repitió la afirmación de que ignora quién hizo el segundo disparo en el abdomen del candidato y “ayudó” a caer, poco a poco, al falso Colosio, que ya en el suelo acataba las últimas indicaciones: “Esta mano así, un poco así, y este pie descansando aquí…”.
Una orden final: “¡Tomen la imagen desde este ángulo….!”.

Carlos Marín
Periodista. Es director general editorial de Milenio.

Economia Nacional – Última Semana de Febrero

12. marzo, 2014|Sin categoría|No comments

http://www.cefp.gob.mx/publicaciones/boleco/2014/febrero/becefp0082014.pdf

Luis Donaldo detrás de la muralla

6. marzo, 2014|Sin categoría|No comments

Luis Donaldo detrás de la muralla

Escrito por:
Héctor Aguilar Camín

Está la persona pública, luego está la muralla y atrás de la muralla está Luis Donaldo Colosio, el elegido inerme de los dioses. La victoria desciende sobre él y lo viste de luces. Luego la victoria se vuelve un laberinto que el héroe debe cruzar. El héroe cruza el laberinto, la victoria desciende nuevamente sobre él. Pero a la salida del laberinto lo espera su asesino.
Max Weber dice que detrás del poder nos mira la solemnidad de la muerte. A Colosio lo mira detrás del triunfo.

Es el 28 de noviembre de 1993 en la ciudad de México. El presidente Salinas ha escogido a Colosio como su sucesor en el puesto. Lo ha escogido entre un grupo de colaboradores que él mismo ha nombrado y puesto en situación de ser elegidos. Puede hacer ambas cosas porque manda en el PRI, el partido político que manda a su vez en México. Hace seis años, durante su campaña presidencial, Salinas ha hecho a Colosio senador de la República. Lo ha hecho luego presidente del PRI. Después secretario de Desarrollo Social. Ahora, el 28 de noviembre, lo hace candidato priista a la presidencia. La clave del juego que Colosio ha ganado es que no tiene clave: tiene dueño. El dueño juega el juego emitiendo señales que los jugadores deben leer pero no pueden descifrar del todo. Es la esencia del juego.
Son días de señales y augurios. El miércoles 17 de noviembre la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprueba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El viernes 19 lo aprueba el Senado.
El sábado 20 es el día de la Revolución mexicana. Muchos sienten burlada esa Revolución por la firma del Tratado. El presidente Salinas está de plácemes. Luce radiante en el balcón central de Palacio. Comenta con los miembros de su gabinete el desfile militar que se despliega abajo. Luego los llama a su despacho. Hace un elogio encendido del Tratado y sus artífices: Jaime Serra, el secretario de Comercio, y José Córdoba, jefe de la Oficina de la presidencia. A Córdoba le reprochan el poder que tiene en el gobierno de Salinas y su origen francés. Salinas dice que Córdoba es un gran mexicano, que algún día se conocerán sus grandes aportaciones al país. Cuando el presidente y Córdoba se van, Manuel Camacho, regente de la ciudad, externa su molestia por los elogios a Córdoba. Camacho es uno de los candidatos visibles en el juego de sombras que es la sucesión presidencial mexicana. Los otros son el propio Colosio, Pedro Aspe, el secretario de Hacienda, y Ernesto Zedillo, el de Educación. Camacho lee en los elogios de Córdoba, aliado de Colosio, una mala señal para su candidatura. Otra es que ese mediodía, a la vista de todos, Colosio recibe de un ayudante del Estado Mayor la noticia de que el presidente lo invita a almorzar a Los Pinos. Camacho no lo sabe, nadie lo sabe a ciencia cierta hasta hoy, pero es en esa comida cuando el presidente dice a Colosio que él será el candidato, y le dice que su nominación será el domingo próximo, 28 de noviembre.
Camacho dedica el domingo 21 de noviembre a revisar su estrategia. Tiene una semana clave por delante. El lunes tiene acuerdo con el presidente. El miércoles tiene una comparecencia ante la Cámara de Diputados, ocasión inmejorable para anuncios políticos. Hace un tiempo Camacho juega con la idea de lanzar por la libre su candidatura presidencial, sin esperar que decida el dueño. Durante su acuerdo del lunes, Camacho pone las cartas sobre la mesa. Si él es el candidato, dice a Salinas, habrá respeto para el presidente, seguridad para su familia, a la que la prensa ha empezado a señalar. Al despedirlo en la puerta del despacho, según Camacho, Salinas le dice: “La decisión sobre el candidato, no está tomada”. Camacho opta por no lanzar su candidatura en su comparecencia del miércoles próximo, sino esperar.
Al día siguiente, martes 23, el secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido, ofrece una cena en su casa para limar las asperezas suscitadas el día del desfile por los elogios a Córdoba. Están invitados a la cena Colosio, Camacho, Jaime Serra, José Córdoba, Pedro Aspe y Ernesto Zedillo. Si la cena va bien, Salinas llegará a los postres. La cena empieza mal, con Camacho repitiendo su molestia por los elogios a Córdoba, pero se endereza. Salinas llega tarde según lo previsto y toma la palabra. Empieza por una pedagogía patriótica. Dice que una vez firmado el Tratado de Libre Comercio con los americanos habrá que ser más fieles que nunca a los principios de la soberania. Dedica luego una ronda de elogios a los presentes. Camacho cosecha los mayores elogios. Salinas dice que es su amigo de toda la vida y que lo mejor que ha hecho Colosio es trabajar con Camacho. Salinas recuerda después que en siete días, el viernes 30, estará de visita en México el vicepresidente estadunidense Al Gore. Advierte que no harán nada de trascendencia ni antes de su llegada ni inmediatamente después de su partida, pues ya se murmura en la prensa que Gore viene a decidir la sucesión. Cuando el presidente se va, Camacho ve a Colosio abatido, concentrado en los brillos que el candil deja en su copa. Supone que rumia su derrota. Dado lo dicho por Salinas, es claro que no será el elegido. Quizá no es esa la mala nueva que pena Colosio, sino esta otra: acaba de saber que su destape no será antes de la llegada de Gore, ni inmediatamente después de su partida. Será avanzado el mes de diciembre, o peor, en enero. Le esperan largos días de espera.
El jueves 26 Colosio y Camacho comparten con Salinas una gira por la ciudad. La gira sigue a Sonora, tierra natal de Colosio, a la que sólo va éste con Salinas. En sus discursos durante la gira, el presidente dice que Sonora es tierra de triunfadores. Quiere inducir el recuerdo de que en esta tierra han nacido cuatro presidentes mexicanos. Le parece un adelanto sutil de que puede haber otro presidente nacido aquí. El primero en 70 años. A la cena de esa noche en Ciudad Obregón, Salinas invita a toda la familia Colosio. Al día siguiente, corre con Colosio por la laguna del Náinari, en la antigua hacienda del general invicto de la Revolución, Álvaro Obregón, presidente entre 1921 y 1924, reelecto en 1928 y asesinado ese mismo año: el único presidente asesinado de México. Sale a correr con ellos el gobernador Manlio Fabio Beltrones, pero Colosio y Salinas aceleran el paso y lo dejan atrás. La impresión de Beltrones es que durante esa carrera matinal Colosio sabe finalmente que ha triunfado y que la fecha de su destape será el domingo 28, dos días antes de que llegue Gore. Salinas ha mentido en la cena diciendo que no harían nada antes de su llegada. De regreso en el avión, Colosio dice a su colaborador Samuel Palma que el “destape”está en marcha. Pone la mano en saludo militar a la altura de sus ojos y le dice: “Ya me llegó la capucha hasta aquí”.
Colosio dedica el sábado a hablar con Salinas, a revisar su discurso y a preparar a su familia. Su mujer, Diana Laura, padece un cáncer pancreático de inminencia fatal. La pareja tiene dos hijos pequeños, Luis Donaldo de 10 años y Mariana de uno. Su vida va a cambiar dramáticamente a partir de mañana cuando el jefe de casa sea presentado como siguiente jefe de la nación.
El domingo 28 de noviembre el PRI anuncia la candidatura de Colosio. La noticia sorprende a Camacho en su casa de descanso de Cuernavaca. Apenas se entera, llama al presidente Salinas, pero el presidente no le responde. Se reporta con él por la tarde, una vez hecha la postulación. Los otros precandidatos, Aspe y Zedillo, han saludado ya a Colosio. Zedillo está perfilado para ser coordinador de su campaña. Salinas sabe que Camacho es el eslabón débil del día. Le llama por teléfono y le dice que debe felicitar a Colosio. Camacho responde que no lo hará sin antes hablar con él. Salinas se declara dispuesto a hablar pero insiste en que felicite a Colosio. Por sugerencia suya, Colosio llama a Camacho: “¿No vas a venir a visitarme?”, le dice. Camacho responde: “El problema ya sabes, Donaldo, que no es contigo. Te deseo que te vaya bien, por el bien del país. Mañana yo arreglaré mi asunto con Salinas”. Salinas vuelve a llamar a Camacho por la tarde, después de la comida. Camacho insiste: no hará nada sin antes hablar con él. Salinas lo invita a desayunar.
Durante el desayuno, Camacho dice a Salinas que le hubiera gustado saber antes la decisión, no enterarse por la prensa. Salinas dice a Camacho que su reacción es un capricho: la regla no escrita de la competencia dentro del sistema es que quienes pierden se suman al ganador. Camacho decide no saludar al triunfador como le pide Salinas. Salinas no quiere romper con Camacho y despedirlo por su indisciplina, como sugiere el secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido. Tampoco quiere a Camacho en el gobierno de la ciudad de México, clave en la elección que se aproxima. Salinas ha sufrido ahí una humillante derrota en las elecciones presidenciales de 1988. Camacho ha recuperado los votos de la ciudad en 1991. Salinas no quiere que tenga la tentación de perderlos en la elección de Colosio, su adversario. Salinas ofrece a Camacho que deje la regencia de la ciudad y siga en el gobierno como secretario de Relaciones Exteriores. Camacho acepta. Hay algo que explicar en esta rara dialéctica de Camacho y Salinas. Quizá puede resumirse así: en la vida pública, Camacho es subordinado de Salinas y Salinas su jefe, pero a veces, en el juego de su amistad, actúan los papeles al revés: la cautela que va normalmente del subordinado al jefe a veces viene del jefe al subordinado.

El martes 30 de noviembre, Luis Donaldo Colosio es registrado como precandidato del PRI. El 8 de diciembre protesta como candidato. Pasa los últimos días del mes en su casa de Tepoztlán, con amigos. Salinas está uno de esos días en Cuernavaca, ciudad vecina. Cenan juntos el 30 de diciembre. Salinas vuelve a la ciudad de México el 31. Los Colosio regresan a Tepoztlán. A las tres de la mañana del día primero del año Salinas recibe en Los Pinos la noticia de que hay un levantamiento en Chiapas. Un Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha tomado San Cristóbal de las Casas y ordena a sus fuerzas “avanzar hacia la capital del país, venciendo al ejército federal mexicano”. Colosio y su mujer vuelven a la ciudad de México a la una de la tarde del día primero. Nikita Kyriakis, un amigo de los Colosio que ha pasado con ellos el fin de año, dice que al despedirse esa tarde Luis Donaldo no sabe nada aún de los hechos de Chiapas. ¿Nadie le ha informado? ¿No han llegado a él las noticias que circulan desde la mañana en distintos medios sobre la presencia de los rebeldes en San Cristóbal, su proclama de combate, su toma de cabeceras municipales, su líder encapuchado que habla a los medios?
Muy distinta es la historia de esas horas para Camacho. Sabe de la rebelión desde el primer momento porque su ex suegro, Manuel Velasco Suárez, ex gobernador de Chiapas, se lo hace saber por teléfono en Cancún, donde él pasa las fiestas de fin de año. Llama de inmediato a Salinas y viene a verlo. Le dice que no puede mancharse las manos de sangre, que el brote armado chiapaneco debe tener una salida política, no militar. Desde que sabe del alzamiento y sus primeras víctimas sangrientas, el fantasma de la represión desvela a Salinas. No quiere reprimir, aunque el ejército bate ya a los rebeldes. El día 2 aparecen en los diarios fotos de cadáveres tirados en la carretera. Fotos de otro tiempo, de otro México, un México que nadie quiere volver a ver. Camacho se ofrece para ir a Chiapas a negociar la paz. El secretario de Gobernación se niega a negociar con los armados. El ejército vence a los rebeldes en las otras cabeceras municipales que han tomado: Ocosingo, Las Margaritas, Altamirano. La batalla de Ocosingo es particularmente sangrienta. Los rebeldes se atrincheran en un mercado donde son diezmados. Se sabe después que algunos iban armados con rifles de palo. La fuerza de opinión de los alzados se revela pronto mayor que su fuerza de combate. En la capital del país hay un clamor pidiendo paz. Se convoca a una manifestación para el 10 de enero. El ánimo público indica que será multitudinaria. Camacho perfecciona su oferta. Importa una figura de la ONU y se propone como Alto Comisionado para la Paz en Chiapas. Advierte al presidente que no será canciller para discutir con la prensa internacional cuántos muertos hay cada día en Chiapas. Si no se da una solución negociada al conflicto, dejará su puesto de canciller y pasará a la movilización de la sociedad por la paz.
En todos los pasajes escritos por Salinas sobre las peripecias de estos días, apenas aparece Colosio. Colosio no se hace presente, no se pega a Salinas para tomar el pulso de la situación, no usa tampoco su cercanía con el jefe de la Oficina de la presidencia, José Córdoba, para enterarse. Quizá no quiere manchar su candidatura mezclándola en el conflicto. Quizá le piden que no la mezcle. El hecho es que no está en el cuarto de guerra de Chiapas, ni en el debate público sobre el levantamiento.
Según los testimonios disponibles, sólo es convocado por el presidente a recibir malas noticias. La primera es que no podrá iniciar su campaña en Chiapas, como había previsto. Hay todavía combates en Chiapas que pueden extenderse a todo el estado. Salinas recomienda no empezar ahí. Colosio lo ve al revés: porque está sacudida la zona, debe comenzar ahí. Acepta, sin embargo, la recomendación del presidente: cambia el inicio de su campaña a Huejutla, también una zona indígena pero del estado de Hidalgo.
La segunda mala noticia que Colosio recibe del presidente es realmente mala. Salinas anunciará un cese al fuego en Chiapas, nombrará un nuevo secretario de Gobernación y pedirá a Camacho que sea mediador en el conflicto. Para estos momentos Camacho es ya la némesis de Colosio, su pesadilla.
Colosio escucha esto de Salinas en la tarde del domingo 9 de enero. Las decisiones se anunciarán al día siguiente, en que también arranca su campaña. No están consultándole las decisiones, se las están haciendo saber. Colosio alerta al presidente sobre los riesgos de meter a Camacho en la negociación de Chiapas dada su actitud en el destape. Oye a Salinas decirle que Camacho es el indicado para estabilizar las cosas, que esto ayudará a las elecciones y, al final, a él. Colosio se declara de acuerdo, sólo pide a Salinas que no haga a Camacho secretario de Gobernación. Salinas lo concede de inmediato. Hacer a Camacho secretario de Gobernación no ha sido nunca parte de su “armado”, expresión característica de Salinas para referirse a sus ingenierías políticas.
Colosio recibe del presidente la sugerencia de que posponga el arranque de su campaña. Responde que todo está listo para el día de mañana y que cancelar sería un desastre. Salinas no insiste en que Colosio trague esta última píldora, un alivio para Colosio que ha tragado bastante esta noche, aunque todavía no sabe cuánto.
Lo sabe al día siguiente cuando se entera de los cambios al inicio de su campaña en Huejutla. El anuncio se hace por la mañana. Salinas quiere diluir el impacto de la marcha por la paz de esa tarde. Anuncia un cese unilateral del fuego, la renuncia del secretario de Gobernación de línea dura, González Garrido, en favor de Jorge Carpizo, abogado no priista, ex rector de la UNAM, más cercano a Camacho que a Colosio, y la pieza central del “armado”: el nombramiento de Camacho como comisionado de la paz en Chiapas. Camacho dejará la Secretaría de Relaciones para asumir el cargo de comisionado de manera honorífica, sin pago de sueldo. En esto ha insistido Camacho como condición para su tarea: no tener un sueldo, no aparecer ante los rebeldes como un empleado del gobierno.
Colosio entiende, como todo mundo, que Salinas ha vuelto a Camacho algo más serio y desafiante para él que secretario de Gobernación. Lo ha vuelto el hombre de la hora, centro de las expectativas públicas y de la atención de los medios. Colosio entiende también, como todo mundo, que el carácter honorario de Camacho lo habilita constitucionalmente para ser candidato a la presidencia.1 La sombra de los dos candidatos se hace presente desde el primer día. Ese mismo lunes en un acto de mujeres indígenas en Huejutla, una de ellas dice a Colosio que en Hidalgo hay un solo candidato, y es él.
Por la noche, viendo los noticiarios de televisión en el cuarto del pequeño hotel donde se hospeda en Hueju-tla, Colosio entiende que Camacho ha triunfado en toda la línea. La campaña apenas existe en los noticiarios, sólo parece existir el comisionado. Colosio está molesto y revuelto. Dice a Ricardo Canavati, responsable de los invitados de su gira: “No se vale”. Los anuncios del presidente, dirá más tarde a José Córdoba, han sido un “golpe contra su campaña”.
La opinión pública trabaja rápido. Cuatro días después de los anuncios de Salinas, el 14 de enero, hay en el escritorio de Colosio unas “Notas confidenciales” con las tres hipotesis que maneja la vox populi. La primera hipótesis dice que todo es espontáneo, pero no vale la pena siquiera considerarla. La segunda hipótesis es la del “cerco”, dice que hechos sin control están siendo usados por grupos políticos enemigos para presionar al candidato. La tercera hipótesis sostiene que todo es una trama perversa urdida para crear un nuevo candidato a la presidencia, con o sin cambio en la candidatura del PRI. Ese mismo día, Colosio dice a Samuel Palma: “A mí el presidente de la República me informó del cambio de secretario de Gobernación, mas nunca me dijo que nombraría a Manuel Camacho comisionado para la paz. Me dijo que lo involucraría en las negociaciones de Chiapas, pero no con un nombramiento de comisionado ad honorem”.
Colosio pregunta a Palma: “¿Qué pasa si renuncio?”.
Palma responde que si renuncia el candidato quizá será Camacho.
Colosio dice: “Por eso no renuncio”.
Ha empezado el laberinto.

Camacho va a Chiapas como comisionado y sienta a los alzados a negociar. Todo el espacio noticioso es para el comisionado y sus pláticas de paz en San Cristóbal. La prensa de la capital es una diaria decepción para Colosio: su campaña no existe en ella. Pide a su jefe de escoltas, Germán González, que no le pase más los diarios: “Al cabo que ni salimos”. Esclavo de una extendida costumbre política, Colosio presta atención cuidadosa a columnas que sabe cómplices de jefes de prensa del gobierno. Es ahí donde lee algunas de las más enconadas hipótesis sobre la posibilidad de que Salinas lo sustituya. La oposición, que está en campaña, se hace eco de los rumores de sustitución. Al candidato de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas, le preguntan si declinaría su candidatura a favor de Manuel Camacho Solís, dada su labor como comisionado de la paz. “No es cuestión de declinar”, responde Cárdenas. “Yo al único que veo que le haga estragos es a su compañero de partido, Luis Donaldo Colosio”. La confusión mexicana llega a las páginas del Washington Post. Colaboradores no indentificados de Colosio dicen que Salinas está socavando la candidatura de Colosio. Un colaborador, tampoco identificado de Manuel Camacho dice que Camacho “está haciendo campaña y que no tiene nada que perder”.
Preocupado por los rumores, el mismo 27 de enero, Salinas convoca a un desayuno con priistas. Les dice: “Para evitar confusiones y tener claridad, permítanme la expresión coloquial: ¡que no se haga bolas nadie! El PRI tiene el candidato que lo llevará a la victoria democrática. El voto de los mexicanos hará triunfar democráticamente a Luis Donaldo Colosio”.
Colosio llama al presidente y le agradece la declaración. A sus colaboradores les dice otra cosa. El discurso del presidente lo debilita, porque lo pone en un plano subalterno, dice a Palma. Y a Javier Treviño: “Fue una frase muy desafortunada”. Efectivamente: la frase de apoyo inequívoco de Salinas acelera en la prensa el rumor sobre su equívoco apoyo.
Incluso los caminos rectos son chuecos en el laberinto.
La palabra más repetida por la gente cercana a Colosio sobre su carácter es “hermético”. La siguiente es “parco” o “seco”, una más es “reservado” y otra “desconfiado”. “Era hermético”, dice Teresa Ríos, su secretaria particular. “Muy parco para expresar algo”, dice su padre Luis Colosio. “Muy reservado respecto de sus sentimientos”, dice su amigo personal Nikita Kyriakis. “De pocas palabras, quizá hasta seco. No se explayaba fácilmente”, dice Norma Meraz, amiga de la familia. “Rayaba en exceso de discreción, de ninguna manera la persona que algunos tratan de hacer creer como muy comunicativo”, según Ricardo Canavati, otro amigo de la familia. El jefe de la escolta, Germán González, dice: “Era una persona totalmente reservada, incluso con su familia, incluyendo a su esposa Diana Laura”.
Colosio no habla mucho de política en casa. Su esposa Diana Laura dice a Nikita Kyriakis que en esos días de enero siente a Colosio como “un volcán a punto de estallar”. Según Cecilia Soto, Diana Laura no quiere saturar a su marido hablando de política. Cuando están solos le pregunta si quiere hablar de eso. Normalmente no quiere. Pero una noche de fines de enero Colosio le dice: “Ahora sí quiero”. Y se abre ante su esposa: “Me quieren fregar, me quieren quitar la candidatura. Pero no me voy a dejar”. Otra noche Colosio le pregunta a Diana Laura qué opinaría de él si renunciara a la candidatura. Diana Laura le dice que si puede vivir tranquilo con esa decisión, ella estará con él. Su respuesta enciende a Colosio que reacciona: “Pura madre. No voy a renunciar. No les voy a dar el gusto”.
A fines de enero una amiga de Colosio, Dalia Fartuk, lo visita en sus oficinas del PRI. Colosio le dice: “Estoy hasta la madre de esto. Me están presionando, ya estoy harto, tengo ganas de dejar todo”. Dalia pregunta dónde están su fuerza, su vigor, su voz. Colosio le responde: “Ponte en mis zapatos. Cuando el corazón está triste no salen las palabras de la boca”.
La duda y el desaliento que Colosio carga estos días hace un efecto en sus íntimos y es el blanco de la prensa de trinchera, casi toda con dueño y agenda. Vista a la altura de sus emociones, la campaña de Colosio es terreno minado. Vista desde la intención de los votantes su campaña es tan sólida como una montaña. Fuera de las oscuridades del laberinto, el sol brilla alto. Las encuestas son indiferentes a los forcejeos interiores de incondicionales y adversarios. En todas las mediciones de intención de voto Colosio tiene ventajas absolutas. La efigie del Colosio incierto y abrumado es sólo una parte del Colosio del ahora. La otra, la visible y la mayor, es la del candidato en campaña que va de gira a todas partes, rebosante de juntas, encuentros, discursos, confeti. Es todo menos un animal postrado. Está herido en lo íntimo pero su lesión no lo paraliza. La pena que lo trabaja es parte de su oficio: digerir adversidades, tragar sapos, hacer política. Su concentración en las malas señales de Salinas puede entenderse como debilidad pero también como lucidez política: de la ruta triunfal que lleva su candidatura, sólo puede bajarlo un capricho de su amigo. Quizá ni eso, aunque ése es el único riesgo a considerar.
Junto a las tribulaciones, quejas y desfallecimientos por su candidatura, es visible en Colosio la voluntad de seguir, no rendirse ni dar gusto a sus enemigos. No sólo no renuncia, como dice tantas veces a sus próximos, ni siquiera deja ver al presidente el tamaño de su molestia. Trata a Salinas con el mismo repertorio de armas suaves con que lo ha ganado desde siempre, las armas de la adhesión entusiasta, el complacido mimetismo, la cuidadosa coincidencia de propósitos y carácter. En medio de su laberinto Colosio sigue siendo ante Salinas el incondicional, el generoso, el heredero leal y hasta el gemelo político. La eficacia de su mimetismo apenas puede exagerarse. Cuando destapan a Colosio y los genios de la mercadotecnia buscan iconos asimilables, dicen que admite parecidos con Pedro Infante, el cantante legendario, y con Adolfo López Mateos, el presidente risueño y popular de su tiempo. Salinas dice burlonamente a un colaborador: “Qué Pedro Infante ni qué López Mateos. Colosio se parece a mí”.
De antes del destape y la campaña, recuerdo una gira con Colosio y Salinas a un viejo campamento maderero de Campeche, llamado Zoh Laguna, convertido ahora en una aldea modelo de turismo ecológico. Es quizá el mes de octubre de 1993. Los invitados a la gira estamos cenando en un cobertizo que hace las veces de comedor. Ha llovido fuerte y sigue lloviznando. Tenemos el espectáculo nocturno de un transformador que hace corto circuito con el agua y dispensa un surtidor de chispas eléctricas, azules y amarillas. Colosio viene a decirme que lo acompañe. Me lleva a la cabaña donde está Salinas. Salinas le pregunta qué pasa con el transformador. Colosio le explica con lujo de detalles técnicos lo que le ha explicado el Estado Mayor. La falla estará reparada en minutos. Salinas le pregunta cómo están las cosas en la ciudad de México. “Blue”, dice Colosio con una sonrisa, queriendo decir no sé qué. Salinas le pregunta cómo están las noticias. Colosio le resume los noticiarios de la noche. Le dice que tienen pendiente lo de un estado de la República. Y que de aquellas otras cosas de que hablaron, quedaron resueltas tres, pero falta una. Es imposible entender nada de lo que dicen, hablan en el código impenetrable y cómplice de su familiaridad. Finalmente Salinas pregunta: “¿Entonces, mañana ocho-cuatro?”. “Mañana ocho-cuatro”, responde Colosio. Pregunto si puedo saber de qué están hablando. Colosio le cede la palabra a Salinas. Salinas me explica cada una de las cosas que han hablado. ¿“Y el ocho-cuatro?”, pregunto al final. “Ah, que mañana corremos a las ocho de la mañana cuatro kilómetros”.
No sabemos qué Colosio hubiera brotado de la capucha de su mimetismo con Salinas. Cuánto hubiera quedado en él de su admiración discipular por Salinas, de su gratitud amistosa, de su genuina admiración y su lealtad política. Hay razones para pensar que su conducta y sus afectos habrían cambiado profundamente, tal como dice la ley de hierro del presidencialismo mexicano. Hay también lugar para pensar que en los días en que Colosio cruza el laberinto, su pasión por Salinas se diluye al punto de desaparecer y volverse lo contrario. La ley de hierro del presidencialismo mexicano dice que Colosio presidente habría sido mucho menos salinista que Colosio candidato. Pero el candidato Colosio a quien Salinas hace cruzar el laberinto en los primeros meses de 1994, habría salido de él vacunado de ilusiones sobre Salinas, sin salinismo alguno. Colosio era un político, no un hermano de la caridad, ni una víctima propiciatoria. Sus tormentos y desfallecimientos hablan de su vulnerabilidad, pero que haya dejado atrás sus tribulaciones de esos meses, mientras veía a su mujer enferma encaminarse a la muerte y hacía una campaña política en toda forma, actuando para el público una persona optimista y alegre que no existía en privado, es prueba de su fortaleza y de su resistencia, de su nervio político.
Un amigo cercano de Colosio, Heriberto Galindo, lo describe bien cuando dice que Colosio jugaba “pócar de uñita”, separando sus cartas minimamente con las uñas, pegadas a su pecho para que nadie las viera. Es un estilo ranchero de mirar el propio juego sin dejarlo ver a los amigos que juegan junto a uno, hombro con hombro, en una intimidad de miradas indiscretas y juegos inocultables a la curiosidad de los otros. En los altibajos de su laberinto, Colosio siguió jugando pócar de uñita con Salinas.

Durante enero y febrero Colosio y Salinas se ven los domingos. Colosio toca siempre el tema del protagonismo de Camacho. Salinas le explica que hay que mandarle al grupo armado un mensaje de unidad en el gobierno. Le pide a Colosio que tenga paciencia. Le habla de los problemas nacionales. Colosio pregunta por el apoyo que está recibiendo Camacho. Salinas responde que está en el interés de todos, Colosio incluido, que Camacho tenga éxito en el diálogo de la paz. Según Salinas, Colosio comprende la necesidad política del protagonismo de Camacho. Según los colaboradores de Colosio, Colosio no entiende nada. Al presidente del PRI, Santiago Oñate, Colosio le dice que a Camacho “le toleran todo”. La esposa de Colosio, Diana Laura, dice no entender por qué el presidente no pone orden y permite a Camacho “continuar con su protagonismo”. La candidata del Partido del Trabajo, Cecilia Soto, sonorense y buena amiga de los Colosio, sugiere a Diana Laura la posibilidad de que no sea el presidente quien autoriza los actos de Camacho. Diana Laura responde: “Quién, si no él”.
En febrero crecen los rumores de una renuncia de Colosio. La especulación sobre la candidatura de Camacho es moneda corriente en la prensa y en los medios políticos. En la cabeza de Colosio crece la misma certidumbre: el presidente juega una nueva partida sucesoria con Camacho y él. Nikita Kyriakis recuerda que en esos días Diana Laura le muestra una nota manuscrita donde se lee algo parecido a: “¿Qué chingados le pasa a Salinas? Ya sé, está de acuerdo con Camacho”. Colosio pregunta a Emilio Gamboa: “¿Qué le he hecho yo al señor presidente”. A su amigo Rafael Reséndiz, entonces vicepresidente de Televisa, le pregunta también: “¿Por qué me hace esto el presidente Salinas?”.
El ánimo de Colosio desfallece en este tramo del laberinto. Su amiga Diana Fartuk lo visita de nuevo en sus oficinas de Aniceto Ortega. Lo encuentra abatido, triste, atontado. Colosio le dice: “¿Viste lo que me hizo mi mejor, amigo, Dalia, mi mejor amigo, el que me apoyó en toda mi carrera hasta ahorita en el puesto que estoy, mi mejor amigo?”.
Colosio repite tres veces las palabras “mi mejor amigo” y se le salen las lágrimas.
Una fecha de respiro es el 4 de marzo. Ese día se abre el registro oficial para candidatos a la presidencia. Sin incidente ni contratiempo alguno Colosio se presenta en el Instituto Federal Electoral y tramita su registro. Hay alivio en el laberinto. Diana Laura sube con Colosio a su camioneta Blazer y dice: “Ahora sí, háganle como quieran: ya está registrado”.
Colosio se dispone a tomar nuevo impulso. A principios de marzo, ha pedido a Córdoba que lleve al presidente la petición de algunos enroques: quiere que su coordinador de campaña, Zedillo, vaya al Banco de México. Que su aliado Enrique Jackson vaya a la regencia del Distrito Federal en lugar de Manuel Aguilera. Que nombren a una gente suya en la Secretaría de Reforma Agraria. Salinas desestima la sugerencia, no quiere hacer esos cambios en su gabinete ni interferir en el Banco de México, cuya autonomía será decretada en abril. El mensaje de regreso es que Colosio se ocupe de los puestos de su campaña, Salinas se ocupará de los de su gobierno.
Colosio siente llegada la hora de tomar distancia del presidente. Se lo piden a coro sus próximos. Decide que lo hará en un discurso previsto para el 6 de marzo. El discurso se cocina largamente. Hay grupos de enfoque y estudios de opinión. Se definen conceptos rectores, frases clave, ritornelos para la prensa y la memoria. Se piden redacciones a los escritores Ricardo Garibay, Marco Antonio Montes de Oca, Jorge Hernández Campos, y al historiador Enrique Krauze. El resultado final debe ser una buena mezcla de mensajes de continuidad y cambio, reconocimientos y críticas al gobierno en funciones. Colosio carga las tintas hacia el cambio. Subraya que es hora de reformar el poder, de tener un presidente que no pueda hacer más que lo que las leyes le permiten. Es hora de terminar con el influyentismo, la corrupción y la impunidad. Hora de aceptar que no se le cumplió a las comunidades indígenas. Hora de la competencia electoral: su triunfo no deberá nada al gobierno sino a su propio esfuerzo. “Nuestras elecciones no tendrán vergüenzas que ocultar” [como las de Salinas]. Entrada la noche, Colosio saca del discurso los párrafos de elogio a Salinas. Así lo requiere el momento político, dice a Samuel Palma. Se lo explicará después al presidente.
El discurso llega a Los Pinos pasada la medianoche. De Los Pinos no regresan comentarios esa noche ni al día siguiente. Una vez dicho el discurso, la prensa repara en los párrafos críticos: Colosio se deslinda de Salinas, critica los excesos del presidente, el influyentismo, la corrupción, la impunidad del gobierno de Salinas.
Por la tarde Colosio dice a su amigo, el periodista Federico Arreola, que Salinas no lo ha llamado para felicitarlo y que esto le preocupa. Instruye a su jefe de prensa: “Ramiro: hay que ver cómo le hacemos porque quedó la percepción de que hubo molestia por el discurso pronunciado el día de ayer”.
El martes 8 de marzo Colosio acude a la sobremesa de un llamado Grupo de los 10, en casa de Carlos Hank González, practicante y autor del imbatible aforismo: “Político pobre, pobre político”. A la comida asiste Raúl Salinas, el hermano del presidente. Colosio comparte con los asistentes su preocupación porque el discurso del 6 de marzo pueda malinterpretarse. Dice: “Yo amo a Salinas”.

El conflicto de Chiapas se estabiliza. El 15 de enero el gobierno emite una ley de amnistía para los alzados. El 16 empiezan las pláticas en la catedral de San Cristóbal. El 27 de enero los candidatos presidenciales firman un acuerdo para la negociación, la justicia y la paz en Chiapas. En febrero, el gobierno y los partidos políticos empiezan a negociar una nueva ley que quitará de las manos del gobierno el manejo de las elecciones. Chiapas sigue siendo el centro de la atención de los medios, pero las campañas recobran visibilidad. Las encuestas de esos días dicen que el escenario probable de votos para los candidatos es Colosio 54, Cárdenas 21, Fernández de Cevallos 17.
En el entorno de Salinas crecen los comentarios contra el protagonismo y la ambigüedad de Camacho en Chiapas. Camacho resiente la batida. La lee en columnas políticas de diarios que sabe cercanos a Los Pinos. El 10 de marzo anuncia una conferencia de prensa para el día siguiente. Advierte a Salinas que va a denunciar intereses, grupos y personas que obstruyen sus trabajos por la paz. Salinas le dice que no puede hacer acusaciones sin sustento. Lo que debe hacer es abandonar sus ambigüedades. Camacho insiste en que hará sus denuncias. Salinas advierte que debe moderar sus declaraciones. Por primera vez le pone un ultimátum: “Aceptas o dejas de ser comisionado para la paz”.
Camacho no da los nombres que quería dar en su conferencia de prensa, pero tampoco despeja sus ambigüedades. Dice que no va a dejar “de ejercer en plenitud” sus derechos ciudadanos ni a “cancelar mi vida en la política y lo que en la política represento”. El New York Times del 12 de marzo recoge el sentido y magnifica el alcance de sus declaraciones:Plantea Camacho Solís su posible renuncia al PRI para lanzarse como candidato independiente.
El juego de Camacho llega lejos. Colosio recibe el 13 de marzo al embajador mexicano en Washington, Jorge Montaño, quien le dice que en una conversación con el vicepresidente Al Gore éste le comentó que a su juicio en México hay unas elecciones primarias dentro del PRI, como las que hay en Estados Unidos dentro de cada partido. Montaño refiere la anécdota a Salinas quien se muestra enormemente sorprendido y preocupado por el hecho. Pregunta a Montaño cómo pueden disiparse tales ideas de la cabeza de nuestros vecinos. Montaño responde que sólo puede disiparla una declaración inequívoca de Camacho en el sentido de que no pretende ser candidato del PRI.
Si en algo no varía la posición de Salinas durante todo este conflicto es en su certidumbre de que Camacho responde mejor al buen trato que al zarandeo: es mejor tenerlo cerca, dentro del gobierno, que lejos engrosando la oposición. Salinas ha tratado siempre con cautela las opciones rupturistas de Camacho. Camacho ha entendido y manejado con ojo de relojero ese temor. Una recomendación persistente de Salinas a Colosio es que no deje suelto a Camacho, que se acerque a él. Colosio se acerca a Camacho luego de su discurso del 6 de marzo. Lo hace a través de un amigo común, el delegado de Azcapotzalco, Luis Martínez, un político oaxaqueño de maneras suaves y amplias relaciones políticas. Martínez ofrece a Camacho una cena con Colosio, que Camacho acepta. Luego de cruzar agendas, Martínez pacta la cena el 16 de marzo en su casa, un departamento que mira al bosque en la colonia San Miguel Chapultepec. El ánimo de Colosio es propicio. Algo parece haber cambiado en él respecto de Camacho. El día anterior lo han abucheado en el Tec de Monterrey por defender a Camacho. Se ha quejado ese mismo día con Córdoba diciendo que el presidente debe contener a Camacho o soltarle las manos a él para arreglar el asunto. Pero por la mañana del día siguiente, el 16, durante un desayuno con políticos y periodistas, dice que el problema entre Camacho y él viene de otra parte, y señala con el pulgar hacia arriba. Está siendo víctima, completa, de las “perversidades del sistema”.
Por la noche, en casa de Luis Martínez, Colosio abre la cena con Camacho diciendo que lamenta los ataques que gente de su equipo ha enderezado contra gente de Camacho. Camacho dice que están por firmarse los acuerdos de paz en Chiapas, y que Colosio debe firmarlos pues quien sea el ganador en las elecciones que vienen deberá honrar esos acuerdos durante su gobierno. Colosio recibe con una sonrisa la duda de Camacho sobre quién ganará las elecciones. Luego va al grano. Pregunta a Camacho si quiere ser senador por la ciudad. Oye largamente a Camacho decirle que no. Le ofrece entonces hacerlo secretario de Gobernación en su gobierno. Camacho dice que no está buscando cargos políticos. “¿Entonces, si no quieres cargos, Manuel, qué quieres?”, pregunta Colosio. Camacho responde que quiere terminar bien la negociación de Chiapas. Colosio le propone una alianza estratégica para hacer posible la transición a la democracia luego de esa negociación. Camacho dice que urge una convergencia en el centro democrático. Colosio está de acuerdo en esto y en incorporar a la alianza, y a su gobierno, a los cuadros de Camacho. El horizonte de una alianza política con inclusión de su gente y con él como uno de los polos, complace a Camacho. La cena termina a la medianoche. Luis Martínez acompaña a Colosio a su coche. De regreso a su departamento, encuentra a un Camacho eufórico que le resume la conversación. Le anuncia que ha ofrecido a Colosio hacer una declaración el 22 de marzo, despejando las dudas que quedan entre ellos. Colosio le resume la cena a Salinas con estas palabras: “Ya ve cómo es Manuel: me dediqué a escuchar”. No dice nada de la declaración que Camacho le ofrece para el día 22. Quizá porque no cree que Camacho la hará. Quizá porque ha tomado en sus manos el asunto Camacho y no quiere compartirlo de más con Salinas.
El 19 de marzo Colosio recibe un memorándum del coordinador de su campaña, Ernesto Zedillo. Dice, con ostensible urgencia, que deben corregirlo todo. En particular, deben establecer “clara y precisamente una alianza política con el Señor Presidente”. Escribe Zedillo:
“Debes ofrecer toda tu lealtad y apoyo para que él concluya con gran dignidad su mandato”. “No debes pedirle más que su confianza en tu lealtad y capacidad, externarle tu convicción de que él ya cumplió con la parte más importante de la sucesión y que ahora tú harás la que a ti te corresponde”. “Como parte de la estrategia de campaña se requiere un candidato que la gente sepa que no será manipulado por el Presidente Salinas, pero que goza de su confianza y aprecio, y para eso es necesario que haya un acuerdo explícito sobre cómo se producirá esa percepción en la opinión pública”. “Cada vez que haya que señalar tareas pendientes y deficiencias del gobierno, mediará notificación previa y se será receptivo a observaciones sobre la forma de decirlo”. Ésta, dice el coordinador de la campaña, “es una recomendación elemental, yo diría de libro de texto, de estrategia política”.
Ese mismo día, al regreso de un acto en la CTM, el secretario de Comunicaciones, Emilio Gamboa, vuelve a decirle al presidente que las actitudes de Camacho están dañando a Colosio. El presidente le responde: “Dile a Luis Donaldo Colosio que se haga cargo de su equipo y del partido y que yo me haré cargo de Camacho”.
Las cosas parecen ir tan mal como siempre dentro del laberinto y aún peor. Todo parece precipitarse hacia una nueva crisis. Pero no se precipita. El 22 de marzo Camacho cita a una conferencia de prensa en la que dice, por fin: Quiero ser presidente de la República, pero no a cualquier costo. Entre buscar una candidatura a la presidencia de la República y la contribución que pueda hacer al proceso de paz en Chiapas, escojo la paz.
Todo el mundo entiende que declina la fantasmagórica candidatura. No hay testimonio publicado de que Salinas haya forzado este deslinde final de Camacho. Camacho dice haberlo decidido solo, luego de sopesar la apertura de Colosio hacia él. Colosio no se ha dejado envenenar en su contra y le ha ofrecido una “relación respetuosa en lo personal y digna en lo político”. Colosio ha ejercido bien con Camacho la fórmula de Salinas: “Para que Camacho esté bien, a Camacho hay que tratarlo bien”. Eso parece haber hecho Colosio con Camacho durante su cena en casa de Luis Martínez. Eso parece devolverle Camacho con su declaración del 22 de marzo.
Hay también la versión de que Salinas habla con Camacho un día antes de la declaración del 22 de marzo y le exige una definición sobre la candidatura. “Si no te deslindas”, habría dicho Salinas, “yo salgo a la prensa y digo que tienes un doble juego”.
Cuando Camacho declara, Colosio está en Culiacán, al principio de una gira por el noroeste de la República. Colosio apenas puede ocultar su euforia. En su salida a la prensa hace un elogio ditirámbico de Camacho: “La declaración pública de Manuel confirma su entrega absoluta a las tareas de conciliación y pacificación que le fueron encomendadas por el presidente Salinas. [El comisionado] podrá llevar a cabo una conclusión exitosa que será reconocida ampliamente por los mexicanos que vemos en la unidad nacional y en la paz, la vía del progreso para la nación”.
Colosio habla dos veces ese día con Salinas. Recibe buenas noticias. El secretario de Gobernación ha terminado los acuerdos para una reforma política que garantice una elección ordenada. Los mercados financieros han respondido favorablemente al anuncio de Camacho. Al regreso de su gira por el noroeste, el presidente espera a Colosio con dos botellas de vino para hablar largo y revisar sus pendientes. Entre otros, el tema de los cambios del equipo de campaña que Colosio quiere plantear desde hace unas semanas y que suponen cambios en el gobierno de Salinas.
Colosio llega a Tijuana el día siguiente, 23 de marzo, al cuarto para las cuatro de la tarde, en un avión del Partido Revolucionario Institucional. Hay unas dos mil personas en el aeropuerto. Al verlo aparecer, corren hacia él como hacia un cantante de moda. Colosio sube al techo de la Blazer y saluda a la muchedumbre. Los miembros de su escolta lo apartan medio metro del entusiasmo de la gente, abren la puerta del vehículo y rescatan al candidato de su popularidad desordenada.
La Blazer de Colosio deja el aeropuerto entre rechinidos de llantas. Levantando polvo, enfila hacia el este siguiendo la modesta alambrada que marca en esa zona la línea fronteriza de México y Estados Unidos. Atrás se alinean los 40 vehículos de la comitiva, rebasándose, obstruyéndose, disputando los lugares en la caravana. Antes de llegar a Tijuana, la Blazer de Colosio gira a la derecha y baja a las hondonadas de Lomas Taurinas. La gente ha construido ahí una ciudad perdida, rebosante de ilegalidad y caos urbano, sueños y agravios populares. Al llegar al puente que separa Lomas Taurinas del mundo, Colosio baja de la Blazer, se adelanta a su escolta del Estado Mayor presidencial y entre empujones, como en toda su campaña, obsesionado porque no lo secuestre su equipo de seguridad, camina por el puente de madera podrida, se detiene a la mitad, saluda a todas partes y entra en Lomas Taurinas.
Es un hombre radiante, cientos de manos se tienden a su paso. Baja 75 metros de una cuesta y llega al presidium del mitin, que él llama “asamblea popular”. Una banda toca cumbias. Todo es calor, entrega, comunión, salvo en la manta de un puñado de jóvenes que dice: Ojo: Camacho y el subcomandante Marcos te vigilan.
Termina el mitin. Son las cinco de la tarde. Colosio baja del presidium y camina rodeado de su escolta, apretado por la muchedumbre. En un punto donde la marea humana casi ha detenido su marcha, una pistola asoma entre la valla junto a su cabeza. Hay dos estruendos suaves, apagados por la música y el rumor de la muchedumbre. Colosio se desploma sangrando. Salen a relucir pistolas en las manos de su escolta. La gente que está cerca se desbanda gritando. Un militar llamado Cantú ha visto disparar al homicida: es un joven lampiño, en jeans y camisa negra. Se echa sobre él y lo oprime con su peso hasta desarmarlo. La gente patea y golpea al muchacho.
Con el cuerpo sangrante de Colosio en los brazos, su escolta pide espacio para avanzar hacia la camioneta Blazer, distante unos 60 metros del lugar del disparo. Tardan cinco minutos en recorrer ese tramo. A tumbos suben el cuerpo del candidato a la camioneta. Al salir de Lomas Taurinas lo pasan a una ambulancia. Colosio llega al Hospital General de Tijuana a las cinco y 17 minutos de la tarde, hora del Pacífico.
En Lomas Taurinas los guardias forcejean con el joven agresor y con la gente que quiere lincharlo. “Mátenlo”, gritan unos, otros lloran, otros tiran piedras. El coronel Reynaldos del Pozo del Estado Mayor, asume la custodia del detenido. Seguido e insultado por la gente se abre paso hasta una camioneta de la escolta y sube al agresor al asiento de atrás, flanqueado por dos de sus hombres. En ese momento aparecen patrullas y motociclistas de la policía municipal de Tijuana. Azuzados por la gente, rodean la camioneta y encañonan a Del Pozo, al detenido y a sus custodios. “Quítenselos”, grita la gente. Del Pozo se identifica, los recién llegados se allanan a sus instrucciones y le sirven de escolta para salir del lugar. Cuando los policías y Del Pozo arrancan, la turba los trata como cómplices: apedrea la camioneta que parte con el detenido, las patrullas que lo siguen, las motos que les abren paso.
Los médicos del Hospital General encuentran dos disparos en el cuerpo de Colosio. Uno en el vientre, otro en la cabeza. El primer parte médico reporta al paciente delicado de salud. A las seis y cuarto solicitan para él sangre tipo A negativo. A las siete y media llega un helicóptero de la firma Life Flight que da servicio a los hospitales Palomar Medical Center, Scripps Memorial y Mercy Hospital de la ciudad de San Diego, sólo unos kilómetros al norte de Tijuana. La dirección del Hospital General de Tijuana anuncia que Colosio será trasladado a San Diego para ser intervenido. Su esposa Diana Laura Riojas se opone. Nadie discute su decisión.
Colosio muere al cuarto para las ocho de la noche, tiempo del Pacífico, cuarto para las seis de la tarde, tiempo de México. Ha sufrido dos lesiones por proyectil de arma de fuego. Una en el cráneo, con orificio de entrada en la región temporal derecha y orificio de salida a nivel parietal izquierdo. Otra en el abdomen, con orificio de entrada a nivel subcostal izquierdo y orificio de salida a nivel subcostal derecho. Durante el traslado de Colosio al Hospital General de Tijuana se han hecho maniobras de resucitación. Ha pasado directamente al quirófano donde se le ha realizado una laparotomía exploratoria. Se descubre que la bala en el abdomen no ha lesionado órganos fundamentales. Simultáneamente, se realiza una craniectomía descompresiva que muestra una fractura en el parietal derecho. Al mismo tiempo, se drenan los hematomas parenquimatosos de la herida. Durante el procedimiento, Colosio presenta un agudo deterioro hemodinámico y sufre el paro cardiorrespiratorio que termina con su vida.
Mario Aburto Martínez, de 24 años, capturado en el lugar de los hechos, rinde a esas horas sus declaraciones en la delegación estatal de la Procuraduría General de la República de la ciudad de Tijuana.

Nota del autor: Secuencias, ambiente, escenas y diálogos de este relato están amplia y minuciosamente contenidos en el tomo IV del Informe de la investigación del homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio (Procuraduría General de la República-Quimera Editores, México, 2000), publicado por el último fiscal del caso, Luis Raúl González Pérez. Con los materiales de este Informe ensayé una novela sin ficción: La tragedia de Colosio (Alfaguara, 2004 y Planeta, 2013). La crónica recoge invaluables detalles contenidos en los libros de Carlos Salinas: México Un paso difícil a la modernidad, Plaza & Janés Editores, 2000, pp.809-897, y Jorge Castañeda: La herencia, Alfaguara, 1999, pp. 459-523. El relato de Colosio en Lomas Taurinas y en el hospital de Tijuana es una versión mía sobre la excelente nota de José Ureña publicada en La Jornada el 24 de marzo de 1994. He echado mano también de mis propios recuerdos y conversaciones con autores y testigos de los hechos.

Héctor Aguilar Camín
Escritor y periodista. Es autor de La tragedia de Colosio.
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1Según la Constitución de la República mexicana, el candidato presidencial de cualquier partido político tiene que separarse de todo cargo en el gobierno seis meses antes de las elecciones. Mientras Manuel Camacho tuviera un empleo en el gobierno, no era elegible para ser candidato. Si dejaba de ser empleado gubernamental, como con el cargo honorario de comisionado de la paz en Chiapas, volvía a ser elegible para ser candidato presidencial. De ahí la importancia del carácter honorario de su nombramiento y las especulaciones que desató.

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