A propósito del fracaso del piojo en la copa América.

Se dice: la juventud es una etapa en la que se vale echar a perder, experimentar, conocer cosas nuevas y hasta ser un poco irresponsables, ya que todo el cúmulo de vivencias nos servirá para entender y afrontar la vida cuando llegue la madurez. Pero curiosamente en el fútbol mexicano sucede todo lo contrario.

Se han puesto a pensar: ¿cuál será el motivo por el que algunos chavos que alcanzan el éxito con las selecciones inferiores, al “madurar” experimentan un cambio en su desempeño y no logran consolidarse? ¿Por qué estas Selecciones son un caso de éxito y la mayor no logra darle continuidad a dicha trayectoria?

MUCHO POR HACER

Al no existir un plan maestro en forma que marque cuál debe de ser el desarrollo de todas las Selecciones Nacionales desde que son muy jóvenes hasta llegar a la mayor, es lógico que se rompan estos procesos de madurez y que muchos futbolistas que alcanzaron el éxito deportivo a temprana edad de repente se vean envueltos en un torbellino efímero de fama, entrevistas, ofertas económicas, fiestas y mujeres que hace que se mareen en un ladrillo, se la crean y por consecuencia, su desempeño baje, sus equipos los manden a filiales, y no logren cumplir con las expectativas que se tenían de ellos.

Por esto es que pareciera que en el fútbol mexicano no hay zonas grises: o conseguimos excelentes resultados a nivel mundial o hacemos un papel vergonzoso. Hace falta trabajar mucho para crear una reputación como la de Brasil, Alemania, Argentina y recientemente España, en la que su Selección es la importante y se va llevando de la mano a una generación de futbolistas que comienzan a obtener títulos que, por lo general, culminan obteniendo la Copa del Mundo.

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