Aguanta, Presidente, pero ¿hasta cuándo?

Como con todo, las fallas y omisiones de sus colaboradores en la segunda fuga de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán le serán cargadas a él.

Quizás llegó el momento de que el Presidente Peña Nieto deje de ser el jefe apoyador que suele dar una y otra oportunidad a sus colaboradores (“aguanta, Rosario, aguanta”) para pensar un poco más en él mismo y en el lugar que su gobierno ocupará en la historia.

 

55a34b2778873f5924ab68d7

El Presidente no pudo disfrutar del triunfo, histórico, que constituyó la recaptura de Archivaldo “El Chapo” Guzmán el 22 de febrero de 2014 porque, 5 días después, Luis Videgaray tapó la información con su anuncio de que en el resto del sexenio no habrá más impuestos ni se incrementarían los ya existentes.

La gran noticia esperada por todos los mexicanos podía aguardar, por lo menos, una semana más, pero, por alguna razón, al Secretario de Hacienda le urgía adelantarla.

5582530678873f4c7aab68b9

El sábado, cuando el avión presidencial con rumbo a París hizo una escala técnica en el aeropuerto canadiense de Gander, Peña Nieto ya sabía que su gira de Estado por Francia para relanzar las relaciones entre ambas naciones sería ensombrecida por la fuga de “El Chapo”, supuestamente a resguardo riguroso de los subordinados del secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong.

Por mera “casualidad”, en noviembre de 2014, cuando el avión presidencial volaba, sobre el Pacífico, rumbo a China, Carmen Aristegui daba a conocer la supuesta relación entre la llamada “casa blanca” y la cancelación de la licitación, anunciada por el secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza, sobre la construcción del tren rápido a Querétaro, ganada por una empresa china en sociedad con algunas mexicanas, entre ellas HIGA, de Juan Armando Hinojosa.

A menos que nos gane el gusto por la conspiracionitis, hablaríamos de causalidades, pero en política, éstas no existen, y las otras sí.

¿Por qué “El Chapo” escogería el sábado para huir del supuestamente inexpugnable penal de Almoloya? ¿Sabía que medio gobierno viajaba a París y que buena parte del resto, el que se quedaría, sin jefes, a cuidar la casa, se echaría a la hamaca a gozar de una semana de merecidas vacaciones?

Simplemente los agarró como al Tigre de Santa Julia.

Para todo servirá la increíble fuga de “El Chapo”, pero en especial para cebarse aún más en el Presidente, cuya imagen empezaba a repuntar paulatinamente. Como con todo, las fallas y omisiones de sus colaboradores en éste episodio que, a toro pasado, pudo evitarse si Guzmán hubiese sido extraditado a Estados Unidos desde febrero de 2014 le serán cargadas a él.

55a34bcf78873f4524ab68c0

Andrés Manuel López Obrador se montó de inmediato en el episodio y exigió el regreso del mandatario; es una actitud oportunista que se entiende porque el líder de Morena haría mal en desperdiciar las oportunidades que le ofrece el gobierno, pero ¿qué haría aquí Peña Nieto que no pueda hacer a través de las comunicaciones directas que mantiene con sus subordinados?

El problema es que cuando “El Chapo” se fugó, Miguel Osorio Chong y el jefe de la oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, estaban, en el avión, con su patrón. En términos prácticos, Miguel y Aurelio son el 2 y 3 en el mando. Es decir, todos los jefes de la casa estaban de viaje, y en la misma nave.

Hay otro problema: Con todo y su genialidad, “El Chapo” no pudo escapar de El Altiplano, como antes lo hizo de Puente Grande, sin ser favorecido por una red de corrupción millonariamente aceitada, pero tampoco sin la complicidad, al menos por omisión e incapacidad, de los responsables de la inteligencia y la seguridad mexicanas.

Por ejemplo, ¿cómo explicarse que Rafael Caro Quintero abandonara, con su caminar cansado, el penal de Palo Grande, Jalisco, sin que el agente del Ministerio Público Federal adscrito al caso, ya no hablemos del entonces procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, se enterara de que el juez ordenó su liberación?

O que, durante meses, un grupo de sicarios construyera, sin hacer ruido y sin despertar sospechas, un túnel a partir de una obra en construcción situada a kilómetro y medio del penal de alta seguridad del Altiplano hasta hacerlo desembocar en el baño de la celda del narcotraficante más famoso de la historia para permitirle huir con tranquilidad. ¿Tenían los planos?

El comisionado Nacional de Seguridad, Alejandro Monte Rubido, ofreció una explicación increíble, pero no dijo cómo fue que los secuaces del “Chapo” lograron penetrar el gran espesor de la losa de concreto armado de la prisión y conectar, directamente, el túnel con la alcantarilla de la regadera del jefe mafioso sin equivocarse un milímetro. Y, por cierto ¿a dónde fueron a parar las toneladas de tierra excavada? ¿Y el equipo de perforación? ¿Y el ruido? ¿Y la vibración?

Quizás lo cierto sea que Guzmán salió de Almoloya cómodamente, en la cajuela de un carro, como es posible que lo hiciera antes de Puente Grande.

Es una afrenta para el Estado mexicano, exclamó el Presidente en Francia, en sus primeras declaraciones; también imperdonable, como lo dijo en febrero del año anterior, en respuesta a una pregunta sobre la probabilidad de que se fugara.

Pero regresando al inicio, estos y otros episodios parecen pertenecer a una cadena conspirativa apoyada en las ambiciones, omisiones e ineficacias de colaboradores que ponen en riesgo grave e innecesario a su jefe.

Y, por si esto fuera poco, este miércoles, el secretario de Energía verá en su despacho, por Internet, la transmisión de las licitaciones de la Ronda Uno que ofrece 14 bloques de exploración petrolera en aguas someras. Cualquier pretexto es bueno para justificar su ausencia, por ejemplo, que el evento durará unas 11 horas, pero Pedro Joaquín Coldwell sabe que dejará solo al presidente de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, Juan Carlos Zepeda Molina, por otras razones que pueden ser escandalosas. Pero ese es otro tema.

El otoño, cuando el viento arranca las hojas secas de los árboles, está a la vuelta de la esquina. Sería bueno aprovecharlo.

Fuente: Impacto.Mx

 

Comments